Ambra Polidori lucha contra la violencia que sacude su país con las armas que posee. Unas armas cargadas de significado y de voluntad por mostrar lo insólito de una situación que se alimenta de las muertes de miles de personas. A continuación publicamos los textos escritos por la artista que pudieron leerse en la exposición De- capital, recientemente en la Galería Fernando Pradilla, junto a una entrevista con Ambra Polidori con la intención de acercarnos tanto a su obra como a los devastadores sucesos de los que participa.
TEXTOS DE AMBRA POLIDORI PARA LA EXPOSICIÓN DE-CAPITAL EN LA GALERÍA FERNANDO PRADILLA. MADRID.
"Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo". La Tesis XI sobre Feuerbach, Karl Marx, 1845.
(…) El análisis de los trabajos de la actual exposición De-capital no puede dejar de lado lo esencial: las fracturas de la modernidad y las implicaciones ideológicas, es decir, la imposibilidad de distinguir ilusión de realidad, la escasa fiabilidad de nuestros instrumentos de percepción (conciencia y memoria) y el modo en que la intimidación juega un papel importantísimo para lograr la manipulación por parte de quien ostenta el poder, dado que la política se activa a través del dispositivo ideológico del miedo. Ser moderno, disfrutar de ciertos beneficios que supuestamente otorga el capitalismo salvaje —en realidad reino de la impunidad y la injusticia— en que nos movemos, y la idea de cierto orden y seguridad que sólo puede imponer una mano dura valiéndose sobre todo de la vigilancia; amenaza, al mismo tiempo, con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y experiencias modernos (como escribió Marshall Berman en Todo lo sólido se desvanece en el aire, 1982) atraviesan todas las fronteras de la geografía y la etnia, de la clase y la nacionalidad, de la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Y, en el caso específico de México, evidencia las contradicciones del discurso oficial conmemorativo del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, recientemente celebrados.
Ser moderno —recordó Berman— es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, “todo lo sólido se desvanece en el aire”. La posmodernidad no ha hecho más que radicalizar esa experiencia: para hacer más eficaz la evaporación, lo antes sólido es ahora líquido. Y en la era de los capitales financieros nada está libre de condena.
Pero ese sistema de precariedad no puede funcionar sin un suplemento ideológico. Alguien nos convence de que una idea es nuestra, cuando en realidad ha sido originada por sus futuros favorecidos.
La serie De-capital, las Sin título de la serie Materia Prima, Otra vuelta de tuerca, Dislocaciones II, Cinthia y Se busca son obras que partiendo de la corrupción, la impunidad, el narcotráfico y la manipulación política; de la explotación infantil, del asesinato de mujeres y niñas, postulan un arte del disenso, ejemplar en su plausible e intrincada pulsión de lo político y lo estético, capaz de visibilizar lo que el consenso excluye, con el fin de hacer del desacuerdo una vía para lograr que la igualdad deje de ser una excepción.
No se olvide que la espectacularización ofrecida por los medios masivos de comunicación se consagra a neutralizar el desacuerdo social o a persuadirnos de que algún poder mágico, político por ejemplo, puede conjurarlo. Y las acciones artísticas ensayan escapes de este maleficio.
Se trata pues en De-capital, de rearticular la oportunidad de un decir no-negociable, contrario a la nostalgia lingüística del arte como lugar seguro, lugar de reposo del lenguaje, tierra de permanencia, continente anclado; procurando mantenerse de modo crítico dentro de las fronteras del arte y de la estética.
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Hay cierto tipo de arte que se convierte en depositario de las intolerancias y escenario de la denuncia y la lucha contra el poder simbólico y real de las tiranías políticas, sociales y económicas. Porque frente a lo irracional de tantos hechos, de la Historia y el destino de dolor e injusticia que muy a menudo ellos implican, únicamente una actitud alerta y crítica puede ser un dato positivo que la obra expresa con su presencia y, en consecuencia, en la confianza de la capacidad de reflexión de quien la atiende.
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Humanizar la historia, la “pequeña historia”, ocuparse de ella desde el campo de las artes, volver a vestirla de piel para luego desollarla con cada obra, es la intención de lo que me ocupa, con el fin de que cada observador, cada lector –y no espectador pasivo– conserve la sensibilidad que lo hace digno de llamarse humano.
Entrevista a Ambra Polidori
Revista Claves de Arte: ¿Sobré qué trata la exposición que pudimos ver en la Galería Fernando Pradilla?
Ambra Polidori: El concepto que rige la exposición es el de la violencia que ha generado la decisión y la manera en que el gobierno de México, mi país, lucha contra el narcotráfico, evidenciando las contradicciones del discurso oficial conmemorativo del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, recientemente celebrados. Un modo de combatir que ha dado lugar a la ausencia de hegemonía en el territorio mexicano y a la muerte no sólo de narcotraficantes, policías, militares y servidores públicos, también de civiles, incluidos niños. Un total de más de 30 mil muertos en lo que va de 4 años de gobierno del presidente actual. Al respecto, su política ha sido la del miedo, la represión y la violencia; las cuales, por desgracia, no se han limitado a dirigirse a los narcotraficantes, sino que han penetrado el tejido social.
Por ejemplo, ¿por qué –digo yo– el primer mandatario y sus colaboradores no pensaron en restringir el narcotráfico por la vía financiera, en lugar de tanques y militares en las calles, los cuales no dejan de ser un arma de doble filo?
En fin, con relación a esto podrían decirse muchas cosas. Lo fundamental es que las fracturas de la modernidad –como lo señala el texto incluido en la exposición– y las implicaciones ideológicas, es decir, la imposibilidad de distinguir ilusión de realidad, la escasa fiabilidad de nuestros instrumentos de percepción (conciencia y memoria) y el modo en que la intimidación juega un papel importantísimo para lograr la manipulación por parte de quien ostenta el poder, dado que la política se activa a través del dispositivo ideológico del miedo, buscan estar presentes en las obras. Ponernos en alerta ante la posibilidad de la destrucción de todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos.
RCA: La exposición titulada De-Capital contiene en sí muchos significados incrustados. Tiene que ver con la acción de cortar la cabeza y con el ámbito económico, entre otros. ¿Cuáles son las principales funciones de este título en la actual exposición?
AP: Bueno, la exhibición esta llena de fotografías y esculturas de cabezas, de cabezas “cortadas”, decapitadas como aquellas abandonadas por los narcotraficantes en las calles, en algún coche, en algún lugar… De ahí el título De-Capital que juega con la referencia a “decapitar”, pero también a El Capital de Marx y, en consecuencia, al capitalismo de hoy. Ya que el cuerpo ha devenido mercancía, posible mercancía de cambio. Pues también los secuestros están a la orden del día, con sus atroces cortes de orejas, dedos, manos…Hoy el dinero es el que decide en el capitalismo salvaje en el que vivimos.
RCA: En la exposición ¿Qué función cumple el oro en los trabajos?
AP: Decidí utilizar el baño de oro sobre bronce para hacer referencia a ese capitalismo salvaje, manifestado en el cuerpo como mercancía e ironizar sobre el mercado del arte.
RCA: Al entrar en la Galería Fernando Pradilla vemos una obra de grandes dimensiones con el rostro de una niña en primer plano y debajo la frase Se Busca. Cuéntanos un poco sobre la historia de esta obra en concreto.
AP: El retrato es de Cinthia, una niña de 10 años que fue secuestrada, violada, torturada y asesinada brutalmente en Ciudad Juárez, Chihuahua. Desgraciadamente en esa ciudad no sólo asesinan a las mujeres, y los homicidios aumentan año con año sin que las autoridades hagan su trabajo para resolver esa situación hecha pública desde hace 17 años. Y el narcotráfico ha agudizado el problema.
La historia de Cinthia (que me fue narrada por su tía, una activista social que desde la pérdida de su sobrina apoya con valor a las familias que han perdido una madre, una hija, una hermana o una nieta) me dejó paralizada por un largo tiempo, hasta que resolví desarrollar dos obras que desde el punto de vista artístico hicieran referencia al problema sintáctico interno y que difundieran lo que le había sucedido a la niña, haciendo de lo privado algo público, colectivo.
Así, una obra –aquella a la que te refieres–, se presenta en forma de un enorme cartel –fotografía sobre tela– que habla del gran vacío dejado por la pequeña en su familia y, otra, una postal gratuita que las personas pueden tomar y enviar a quienes ellas consideraran pertinente.
RCA: En esta exposición has utilizado un recurso que agrega aún una capa de sentido más a la exposición: los textos. Ellos aparecen al lado de alguna de las obras y aportan un contenido muy potente. ¿Nos podrías hablar de la relación de estos textos escritos por ti con las obras expuestas?
AP: Yo a lo largo de los años en algunos de mis trabajos y en algunas series he incluido algún texto de mi autoría o de un filósofo o poeta como contrapunto. Quizás como mi formación fue literaria no me deshago de las palabras ni en mi obra. Creo que incluir ciertas reflexiones en una exposición –para aquellos que decidan entregar su atención a ellas–, permite ampliar y potenciar el sentido de las obras o en todo caso compartir mis inquietudes con un público al cual no siempre tengo acceso de persona.
RCA: Cómo crees que ha cambiado tu obra al contrastarla con la última exposición que tuviste en la galería Fernando Pradilla?
AP: No sé exactamente en qué consisten los cambios. Sigo tratando temas sociales que me presionan, me inquietan (en la exposición anterior la explotación de los niños y la vida de aquellos de la calle) y buscando nuevas formas y técnicas de desarrollar mi trabajo, esta vez con la incursión en la escultura. En esta ocasión decidí ocuparme por primera vez del narcotráfico, porque es algo muy presente en la vida de los mexicanos y que condiciona muchas cosas. Definitivamente mis trabajos siguen postulando un arte del disenso, un “lugar” no seguro.
RCA: ¿Puede el arte cambiar el mundo?
AP: No creo que pueda hacerlo, eso sería mucho pedir, pero sí puede abrir las conciencias, invitar a una reflexión sobre el mundo que nos rodea, sobre lo que ocurre en él. Puede hacernos mejores personas y llevarnos, en algunos casos, a tener una mayor conciencia de nuestra realidad. Y quizás con ello, repito, hacernos una invitación tácita a procurarnos un mundo mejor, a actuar de otra manera y exigir, cuando es necesario, que se respeten nuestras vidas y las de los otros.
Si hoy el mundo es lo que es ¿qué sería un mundo sin arte? No quiero ni imaginármelo...
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