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Entrevista a Heinrich Ehrhardt



28 de Enero de 2011 | Por Tiago de Abreu Pinto/Sara García Fdez

 

"Hay que trabajar con artistas jóvenes para tener de nuevo la sensación de experimento"

 

 

 

Heinrich Ehrhardt

Galerista

 

Galería Heinrich Ehrhardt calle Lagasca: 1980-1985

Apertura de la Galería Heinrich Ehrhardt calle San Lorenzo: 1998

 

 

 

Revista Claves de Arte: ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del arte?

 

Heinrich Ehrhardt: Yo empecé a trabajar en una galería en Colonia cuando tenía 18 años, de manera paralela a mis estudios, pero no tenía un puesto de responsabilidad, me dedicaba a acompañar a los artistas cuando preparaban una exposición. En el año 1972 acompañé a artistas como Walter de Maria o Dan Flavin en la Documenta de aquel año y también en la del 77 y, mientras tanto, prácticamente de gira por Europa con ellos, haciendo exposiciones por diferentes museos en Holanda, Bélgica, Francia… eso me abrió muchísimo el horizonte e hizo que me apasionara por este trabajo. Yo pensaba dedicarme a la galería media jornada, pero una vez terminada la carrera, que no tenía mucho que ver con el arte porque yo estudiaba economía, me dediqué casi un año a buscar un trabajo que me interesara y no encontré absolutamente nada. Estuve en diferentes sitios trabajando como pasante pero veía que no era lo mío. A los diez meses volví corriendo a Colonia y les dije que me quedaba en la galería.

 

Colonia en aquella época era el lugar de Alemania más interesante para el arte contemporáneo. Allí estaban todas las buenas galerías, los buenos coleccionistas y contaba también con la cercanía de Holanda o Bélgica, donde había importantes museos experimentales. Todo esto giraba en torno a Colonia y eso me llevó  a quedarme allí, pero en el momento de decidirme por abrir mi propio negocio decidí hacerlo en España, donde tenía muchos amigos y conocía la situación de las galerías. Era una época en la que aún no estaban en Madrid ni Juana de Aizpuru, ni Soledad Lorenzo, solamente existía Juana Mordó, Theo y alguna cosa más, pero en mi ámbito no había nada. Era como un reto y por eso me especialicé en cosas de Alemania muy conocidas allí, pero todavía desconocidas aquí.

 

 

 

RCA: ¿Cómo fue esa primera etapa en Madrid?


HE: En la galería de Colonia conocí a gente como Flavin, Chamberlain, Warhol, así que al empezar aquí mi referencia eran esos artistas. Abrí en Madrid en 1980 con Cy Twombly e hice exposiciones con Joseph Beuys, Imi Knoebel, Palermo…En aquella época había mucho interés pero poquísimo mercado, por lo que a los casi cinco años me tuve que volver a Alemania, abrí una galería en Frankfurt y volví a Madrid en 1998 para abrir este espacio en el que estamos hoy.

 

 

RCA: ¿Por qué volviste a España después de cerrar la Galería y abrir una nueva en Frankfurt?

 

HE: Durante todos los años que estuve en Frankfurt siempre volvía a ARCO y vi que la situación estaba mejorando lentamente. A principios de los 90, el ambiente se fue animando y la gente que yo conocía de mi época de Lagasca, y luego en Barquillo, y que por aquel entonces eran estudiantes, poco a poco terminaban la carrera y se convertían en coleccionistas potenciales. El mercado estaba cambiando y se apreciaba más y más interés. Además mi mujer que es española, quería volver, así que al conocer este espacio (calle San Lorenzo) volvimos a Madrid. Claro que ya existía toda una estructura de contactos aquí de las personas que yo conocía de los 80 y de los más de diez años acudiendo a ARCO. Tenía clientes, contacto con la prensa y eso facilitó el relanzar la Galería en Madrid mucho más que lo fue en los 80, que era pura improvisación. Yo tenía 27 años y no tenía mucha idea de cómo organizar una galería profesional. Todo eso son cosas que tienes que aprender.

 

 

RCA: ¿En qué había cambiado la Galería Heinrich Ehrhardt cuando la volviste a abrir en Madrid?

 

HE: Al volver mi programa había cambiado porque en Frankfurt había empezado a trabajar con la generación siguiente a los artistas que había expuesto en Madrid, es decir, con los alumnos de Gerhard Richter, Baselitz o de Polke, que eran de mi generación, gente como Albert Oehlen, Martin Kippenberger, Günther Förg, Herbert Brandl o Helmut Dorner, que era alumno de Gerhard Richter y poco a poco he seguido los pasos de ellos. Luego ellos fueron profesores en las diferentes academias de arte en Alemania y me presentaron a sus alumnos preferidos. Por ejemplo, a través de Kippenberger yo conocí a Tobias Rehberger, Thilo Heinzmann y Thomas Zipp y así se ha ido ampliando la programación de la Galería pero siempre desde la coherencia que sale de las mismas fuentes.

 

 

RCA: Realmente es un caso curioso dentro de la línea artística de una galería, eso de que albergue a maestros, discípulos y alumnos de éstos.

 

HE: Eso es algo bastante ejemplar para España, porque existen ese tipo de academias como en Alemania, así que no hay esos círculos. Incluso artistas que ya son reconocidos aquí, no tienen tanta conexión con gente joven y no te pueden recomendar otros estudios. Tienes que buscar uno a uno porque no hay una base sólida o institucional a la que referirse.

 

 

RCA: ¿Cómo reaccionó la sociedad española de los 80 a Cy Twombly, Knoebel, Palermo…?

 

HE: La reacción fue muy positiva. El día que inauguramos con Cy Twombly, prácticamente se bloqueó el tráfico en la calle Lagasca, había centenares de personas, la gente no cabía dentro de la galería, era una cosa increíble, sobre todo porque yo no conocía prácticamente a nadie del mundo del arte, pero corrió la voz y todavía hoy hay mucha gente que viene a la Galería y que dice que se acuerdan de aquella exposición. Hicimos también las primeras exposiciones de vídeos, había uno de Knoebel, de Beuys… había un cúmulo de cosas verdaderamente nuevas. La reacción siempre fue muy positiva, sólo que luego no fue acompañado del poder adquisitivo de las personas interesadas y por eso tuve que cerrar, pero es la misma gente de entonces la que todavía viene y me compra hoy.

 

Yo estoy encantado por cada una de las personas que entran a ver hoy la exposición, no les obligamos a comprar, pueden visitar la exposición sin compromiso alguno. Ahora mismo nos tenemos que mover, igual que en los 80, otra vez en el extrajero para hacer buenas ventas. Por otro lado, hemos tenido la suerte de contar con el apoyo de las instituciones y hemos vendido a museos, hemos vendido a la Comunidad y en esto sí que existía una cierta incertidumbre, sobre si podrían cumplir con los compromisos que adquirieron hace un año, pero han cumplido y esto está muy bien. Con esto hemos podido compensar la pérdida de la clientela particular.

 

 

RCA: ¿Cómo es la estructura interna de la Galería?

 

HE: Mi socia se quedó en Frankfurt, éramos socios y ella se quedó con la galería en Frankfurt que ahora depende sólo de ella, aunque trabajamos juntos en las ferias, tenemos un stand conjunto en ARCO, en la feria de Berlín y en la de Colonia y esto es fantástico, porque trabajamos los mismos artistas, traemos obra nueva y la ponemos en común.

 

Aquí mi socio es mi mujer (Esther Viña). Esa fue mi condición para abrir en Madrid, que quería alguien que hablase perfectamente español y que conociera mejor la sociedad y las relaciones que yo. Y luego, Marta y Pablo son el resto del equipo, los dos me sustituyen casi a la perfección y prácticamente no tengo que aparecer. Así puedo dedicarme a ver a los artistas y a organizar la temporada.

 

Yo tengo mi programación de artistas con los que llevo casi treinta años trabajando y que vamos repitiendo exposiciones cada tres o cuatro años; luego están los artistas más jóvenes, a los que exponemos con mayor frecuencia porque su producción se mueve más rápido y, por último, Pablo Flórez ha comisariado exposiciones con gente que son de su generación y en las que yo no me quiero meter. Me gusta experimentarlo y trabajar con gente como Kiko Pérez o Miren Doiz, incluirlo en nuestra programación y hacer estas contraposiciones, porque me gusta mantenerme activo, pero delegando. Hay que respetar el salto generacional.

 

 

RCA: ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo de galerista?

 

HE: Visitar los estudios y elaborar poco a poco una exposición, cosa que se hace más difícil aún con el tiempo, aunque ya tengas una rutina y ciertos artistas como Brandl o Günther Förg conozcan el espacio y ya no tengan que venir para plantear la exposición. Pero por eso hay que trabajar con artistas jóvenes, para tener de nuevo la sensación de experimento.

 

Es un trabajo maravilloso porque entra también en la parte privada, y ya no puedes distinguir si es un artista tuyo o un amigo. Es un trabajo y una profesión, pero lo considero también mi vida. Es algo que les sucede también a mis colegas.

 

 

RCA: ¿Imagino que no de volver a Alemania no entra dentro de vuestros planes?

 

HE: No, bueno me encanta ir a las ferias y me encanta la vida artística de allí, las galerías, los museos, los estudios…pero ya me he acostumbrado a la spanish way of life y mi sitio está aquí, donde está mi público. Si volviese a Alemania me confrontaría con muchas galerías en Berlín, Hamburgo, Múnich, Colonia, que trabajan con los artistas con los que yo trabajo aquí. Sería mucho más difícil, debería ir con toda una programación española.

 

 

RCA: ¿Algún consejo para los jóvenes galeristas?

 

HE: Paciencia. Necesitas un par de años o tres mínimo para establecerte. Cada galería tiene su público. Nosotros igual somos un poco, no clásicos, pero ya mayores y creo que ahora existe público para una generación de artistas emergentes.

 

En Berlín, por ejemplo, hay centenares de galerías que empiezan y al principio tienen que improvisar. Si no pueden renovar el espacio no pasa nada tampoco, hay que arriesgarse a enseñar con firmeza y con buena convicción ciertas obras.

 

 

 

 

 

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