No es necesario ser un experto observador para detectar que la pintura ha perdido espacio en los últimos tiempos a favor de otros medios. Algunos atribuyen este fenómeno al devenir natural, otros prefieren hablar de la falta de compromiso de los comisarios con este medio.
La Revista Claves de Arte entra en contacto con aquellos que se denominan sin rubor alguno “pintores” para conocer su parecer sobre el estatus actual y el futuro de la pintura.
En esta segunda parte contamos con las reflexiones de Miki Leal (Galería Fúcares) y Carlos León (Galería Max Estrella) e invitamos a todos los lectores a sumarse al debate dejando sus comentarios en la página.
Miki Leal
Con respecto a los artistas; a los pintores y su trabajo, mi opinión es que la pintura tiene buena salud a nivel de creación. Es buena pintura la que se está haciendo, a pesar de que no hay demasiados artistas que se dediquen exclusivamente a la pintura-pintura. Quizás el mundo del comercio artístico, más centrado, en las últimas décadas en el espectáculo hace que surjan artistas que busquen exclusivamente el fenómeno o lo anecdótico.
Los que pintan lo hacen desde un sentido crítico, con la pintura, con su momento, con su vida...yo no lo veo mal. Hay mucha gente que hace muchas cosas interesantes ahora, creo que vivimos un momento de calidad en la obra pictórica, salvando las distancias, al igual que el momento que la pintura vivió en los años 80. Luego sobrevino un abandono de la pintura, sustituida por la fotografía y el vídeo.
La pintura vuelve a nacer a principio del s.XXI con los pintores de mi generación, los cuáles, aún miramos a esos años 80 en nuestra obra: el expresionismo alemán, el Pop, y la movida pictórica andaluza -Kippenberger, los Oehlen, que desembarcaron en Sevilla- han marcado de alguna u otra manera nuestra forma de entender la pintura.
Pero también hay otras fuentes, cuando hablo con otros artistas, siempre terminamos encontrándonos en los mismos lugares: Friedrich... y los demás maestros del XIX, pues ellos están más cerca de nuestra realidad, son más fáciles de traducir a nuestro lenguaje y a nuestra problemática que la pintura renacentista, por ejemplo.
El tejido del arte, frente a esta buena salud de la pintura, está en claro retroceso, se ha mostrado agotado y no funciona ya. Es un momento de crisis ideológica también. Los pintores ya no creemos en el mercado, o en cómo se ha organizado el mercado del arte hasta ahora, lo cual está ocasionando un malestar en el mundo de los creadores y consecuentemente, también en la creación.
Creo que la solución está en la asociación: que el artista se una de nuevo, que abandone el aburguesamiento al que los buenos tiempos lo habían dirigido y que abra las puertas a la internacionalización. La realidad ahora es que tenemos que estar en los sitios, movernos, ser más dueños de nuestra carrera, porque si no nos movemos, nuestra obra no tendrá ninguna posibilidad de crecer.
Carlos León
¿La salud de la Pintura? Bien, gracias. O, mejor dicho: como siempre. Practicada por una minoría de artistas, apreciada por una minoría de devotos y desdeñada (hablando ya del aquí y ahora) por la mayoría de los “agentes culturales” que en nuestro país mangonean actualmente las cosas de la cultura.
Se llenan la boca los políticos, y los agentes a su servicio, con eso de la política cultural... pero lo que vemos, y padecemos, es el lamentable discurrir de la utilización política de la cultura. Y ¡hay que ver a qué cosas llaman cultura los políticos! ¿Quién no ha visto recientemente esas fotos tituladas “el mundo de la cultura con los sindicatos en huelga”...? ¡Qué lumbreras, qué alturas, qué figuras!
Y, mientras tanto, allí donde la política se persona de otro modo, el mercado internacional orquesta las cosas a su manera. Que se hayan pagado, como ha ocurrido en los últimos años, cifras en torno a los ochenta millones de dólares por un Rothko, un Bacon o un Lucian Freud, o que se coticen a los precios que se cotizan pintores aún jóvenes codiciados y representados por las más potentes galerías del mundo (Cecily Brown, Marlene Dumas, Jenny Saville...) son hechos que podrían demostrar un tono vital más que saludable en lo que a la estima de esta vieja práctica, que aun llamamos Pintura, se refiere. Pero son hechos que hablan también del lado monstruoso de la economía… o de como en la economía se manifiesta lo aberrante del orden mundial... en el que se inscriben los mercados. Todos.
Nadie ignora, por otra parte, que al sufrido tronco de ese gran árbol que conocemos como Historia del Arte le han brotado a lo largo de los últimos cien años, numerosas y poderosas ramas llenas de frutos nuevos y admirables. El Vídeo, el Land art, el Body art, las Instalaciones, la Fotografía... constituyen nuevos géneros que vienen a engrandecer el mundo de la creación y que proporcionan al mercado un sinfín de nuevos productos: algunos excelentes, fruto del talento y el trabajo, y otros deleznables, engendros de la desfachatez de unos y la ignorancia de otros. Exactamente igual que ocurrió siempre, también, en el campo de la Pintura.
La buena salud de la Pintura se proclama, sencilla y llanamente, por la cantidad y calidad de sus frutos, es decir por la cantidad y calidad de las obras que los pintores producen. Y si nos pusiésemos ahora a relatar las hazañas y valorar los resultados de quienes en nuestros días aún pintan (desde los Cy Twombly, Jasper Johns o Robert Ryman, hasta la última generación emergiendo ahora en cualquier lugar del mundo) nos harían falta muchas páginas para hacerlo correctamente.
Desde los tiempos en que un artista (quizás chamán, quizás cazador-guerrero, quizás el tonto de la horda) pintaba la escena del pozo de Lascaux , hasta estos días en que alguien muy joven aplica pigmentos sobre tal o cual soporte en una nave de Carabanchel, en un loft de Queens, o en cualquier otra cueva de Berlín o Beijing, han ocurrido muchas cosas en el mundo. Y sin embargo... ¿quién podría sostener que en el interior del hombre han cambiado mucho las cosas?
Hablamos continuamente, desde antes de Platón, de Belleza, y seguimos sin una definición solvente de tal concepto. Hablamos aún de las lecciones de la Historia y seguimos practicando, y de qué manera, la guerra. Lo mejor y lo peor del hombre siguen en escena. Avispados agentes gestionan su producción en base a los intereses puntuales del poder. Y en medio de ese juego, y de otros, las viejas manifestaciones de los más gozosos repliegues del espíritu humano, entre ellas las de la Pintura, parecen sobrevivir. Y en eso estamos, en sobrevivir. Salud para todos.
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