Desde, al menos, la época de la primera edición de la bienal de arte de Berlín (bb1) en 1998, la ciuda d ha ido afianzándose como uno de esos centro artísticos en los que “hay que estar“. El boom artístico de la ciudad, a su vez, ha ido estableciendo la bienal como un evento artístico internacional, con carácter y fuerza propios. Exposiciones como las de la bb4 de 2006, comisariada por Ali Subotnik, Massimiliano Gioni y Maurizio Cattelan, marcaron las expectativas de la siguiente bienal (bb5), a cargo de Elena Filipovic y Adam Szymczyk.
Para la recientemente clausurada edición de este año no sólo se deseaban cubrir tales expectativas, sino que se le exigía además un nivel de madurez, propio de una sexta edición de un evento. Responsable de esto no era un trío ni un dúo de comisarios, sino la directora de la empresa vienesa de montaje de exposiciones Secession, directora del proyecto “Migration” realizado por la institución alemana Kulturstiftung des Bundes y también directora del Kölnischer Kunstverein, Kathrin Rhomberg (Viena, 1963). Ella sólo, pero no sola: su trabajo se ha desarrollado en estrecha relación con Gabriele Horn, directora del espacio artístico Kunstwerke (KW), centro que inició y fue responsable de la organización de la bienal.
El concepto de realidad (Wirklichkeit) fue la línea que subyugaba todos los trabajos de la bienal. Como la propia Rhomberg declara en el catálogo del evento, se trata de cuestionar la relación entre arte actual y realidad, pero también de exponer un arte que “no evade la realidad, sino que la construye”. De cualquier manera, esto -apunta la comisaria- no ha de llevarnos a pensar que el mundo del arte es la realidad, sino que las obras de arte establecen una serie de referencias al mundo que hay más allá del arte, transportándonos a, según el título de la bienal, “Lo que espera fuera” (“Was draußen wartet”).
Rompiendo la tradición de la bienal de Berlín, la mayoría de los 45 artistas presentados son nombres menos conocidos a lo acostumbrado. La mayoría de ellos aportaron obras realizadas por encargo, en lo que, suponemos, la comisaria invirtió gran parte de los 2,5 millones de euros que la Kulturstiftung des Bundes dispuso para el evento. Entre ellos se encuentra categorizada Maria von Osten, teórica con la que Rhomberg ya colaboró en “Migration”. Esta ya es la segunda ruptura de unas cuantas más, continuando por ejemplo con que Von Osten no contribuyó con una obra plástica, sino que se encargó de la edición de un número especial de la revista e-flux journal, titulado “Searching for the Post-Capitalist Self”.
Ruptura, o quizá más sorpresa, fue la incorporación al listado de participantes del artista clásico del Realismo alemán del XIX Adolph Menzel. El americano Michael Fried comisarió su exposición sin sacarle de su casa, la Alte National Galerie, incorporando entonces ésta a las sedes de la Biennale. Y otra sorpresa más fue otra ruptura: que la bienal no sólo tuviese lugar en el Kunstwerke y en las calles Augustraße y Linienstraße del distrito de Mitte, sino que cuatro de las seis localizaciones se encontrasen en el barrio de Kreuzberg. De hecho, a esta se la ha llamado la “kreuzberger Biennale”.
Sin embargo, más todavía dio que hablar la gentrificación que la “bienal de Kreuzberg” implica. Parece que el Berlín-Mitte de 1998 sea hoy el Berlín-Kreuzberg, nuevo paraíso de la especulación inmobiliaria. Esto, por otro lado, no sin oposición local en la propia inauguración de la bienal, donde se dejaron ver carteles con slogans como: “Buenos días, mi nombre es Gabriele Horn/Kathrin Rhomberg. Soy gentrificadora!”. Incluyendo en ellos el teléfono personal de las organizadoras y otros datos personales.
Casi por sorpresa se encontraban algunos espacios expositivos, como el trabajo de John Smith “The Gril Chewing Gum” dentro de un bar de Kreuzberg o de Danh Vo que abría su casa particular al público (en Kreuzberg, por cierto) como parte de su reflexión sobre el colonialismo.
Otra ruptura más se daba al entrar en los espacios expositivos habituales, esta vez de unidad de concepto. En el Kunstwerke se encontraba primero la obra del joven kosovar Petrit Halilaj presentada como si uno se adentrase en un solo show. Más tarde sí reinaba la variedad de formato de una exposición colectiva, si bien ambas zonas se separaban por una intervención curatorial que consistía en pintar de blanco reluciente toda una planta del espacio expositivo.
Rupturas se encontraban también en el edificio de Oranienplatz, esta vez quizá más de implicación moral. Trabajos como los de Renzo Martens o Avi Mograbi rompían las esperanzas de aquellos que llegaban a la exposición esperando pasar un buen rato viendo arte. Otra ruptura evidente era la de los medios artísticos, si bien predominaban claramente el video y la fotografía (casi-) documentales.
Ruptura y sorpresa en las asociaciones. Este fenómeno recordaba a las enumeraciones de Borges de las que la postmodernidad hizo uso. Sólo que se echaba de menos en un aspecto: el posicionamiento que la exposición en sí misma transmitía, más allá del texto de la exposición. Al terminar el paseo parecía haberse visto demasiadas veces el mismo punto de vista ante la realidad, aunque fuese en boca de distintas edades, nacionalidades y medios. Quizá se deba esto a que muchos de los artistas trabajaron por encargo. O a que hoy en día romper categorías desde el pensamiento crítico y ser consecuente es casi imposible. En cualquier caso, esto no cubrió las expectativas de calidad que algunos ya empezamos a acumular para las obras participantes en la bienal de 2012.
Fecha de inicio: 15 de Octubre de 2012.
Fecha de inicio: 01 de Marzo de 2012.
Fecha de inicio: 13 de Enero de 2012.
Fecha de inicio: 01 de Enero de 2010.
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