Daniel Cerrejón nació en Madrid en 1980, ciudad donde reside actualmente. Estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid durante los años 1998 y 2003. Desde 2006 expone en la Galería Ángel Romero. Comentando su propia obra, Cerrejón indica que “trata la identidad del hombre contemporáneo”. Sus proyectos recientes combinan este interés con nociones relacionadas con la visualidad y nuestra experiencia individual ante diversas estructuras de poder.
Cerrejón pinta y reflexiona sobre espacios y estrategias de interacción entre lo subjetivo y lo social, donde la presencia del ser humano y su condición postmoderna se hacen evidentes.
Su trabajo –que incluye habitualmente dibujo, grabado y sobre todo pintura–, profundiza en la mediación de las imágenes y en la práctica pictórica como modo de representación. Su último proyecto, “Las Pasiones (después de Richter)” (2009-10), está formado por un conjunto de 25 óleos sobre lienzo de diferentes tamaños que el artista presenta como una sola pieza. En este caso, la codificación de las emociones a partir de los medios de comunicación y el cine -con títulos descriptivos de las personas que referencia en sus pinturas- son el punto de partida para mostrar una colección de expresiones, contenidas o explícitas, que conforman un imaginario popular. Paralelamente, el artista complementa este trabajo con su proyecto en desarrollo “Las Pasiones”, que articula nuestra incapacidad occidental para conmovernos.
La entrevista que se puede leer a continuación fue realizada por chat, entre Madrid y Nueva York, en Julio de 2010
Raúl Gómez Valverde: ¿Eres Daniel Cerrejón?
Daniel Cerrejón: Sí, lo soy
RGV: ¿Conoces el test de Turing?
DC: No
RGV: Sobre la posibilidad de saber si uno se comunica con un humano o con una máquina, donde ambos pueden mentir o no...
DC: Siempre me han gustado las mentiras. También las máquinas que mienten.
RGV: ¿Por qué te gustan las mentiras?
DC: Me parece que las mentiras son como la ciencia ficción respecto a la realidad. Las películas futuristas describen más el presente que el futuro. Las mentiras describen más la verdad. Al menos ambas siempre actúan desde otro punto de vista. También me gustan los cambios de punto de vista.
RGV: ¿Qué papel concedes al juego en tu trabajo?
DC: Nunca he pensado mi trabajo en términos de juego, pero supongo que todo tiene algo de juego. Si dicen que la vida es un juego es porque tienes que conocer las normas para jugar, una vez dentro puedes hacer trampas o saltarte las normas. Pero si juegas sin normas nadie va a querer jugar contigo. Pero tienes razón en que mi trabajo tiene algo de juego. Planteo mi trabajo mediante diferentes proyectos que creo oportunos. Cada uno tiene unas reglas propias.
RGV: Pensaba además en la diversión y la seriedad, y también en Wilfredo Prieto: “Ser artista es una manera de vivir, un modo de vida […] Es como un limite sin alcanzar […] casi creo que es como un juego de acercarse a ser artista”.
DC: Sí, es un juego ser artista, pero creo que como todo lo demás. Allá tú como juegas.
RGV: Hemos hablado en alguna ocasión sobre una dualidad en el arte actual. Según recuerdo, dijiste que existe un arte que trata de representar el mundo y otro que trata de cambiarlo. ¿Puedes explicarlo con más detalle?
DC: Me refiero a que el arte actual es dependiente de dos corrientes de pensamiento. Por un lado, los minimalistas y su objetualidad, la teatralidad de Fried, por la que las obras de arte son parte del mundo. Y por otra parte, el objeto artístico como reflexión del mundo, del que sin duda forman parte los readymade duchampianos. La postproducción de Bourriaud, es parte de la corriente que reflexiona el mundo representándolo. La cultura visual puede que sea el gran tema de esta manera de pensar. Yo me sitúo dentro de ella.
RGV: Los readymades no son parte del mundo… ¿por su transcendencia?
DC: No se confunden con el resto del mundo, simplemente lo reflexionan. Las piezas minimalistas se integran por completo.
RGV: Y ¿cuáles tratan de cambiar el mundo?
DC: Hay otra corriente de la que no hemos dicho nada, es aquella que trata de cambiar las cosas, a nivel social o político. Unas lo reflexionan, otras se integran en él y otras tratan de cambiarlo. Posiblemente, si hay alguna que realmente llegue a modificarlo sean aquellas que se integran en él. La Bauhaus modificó nuestro entorno, también el minimal.
RGV: Rancière en una conversación con Ulrich Obrist defiende cómo el lenguaje cambia la propia visibilidad de lo que está pintado, haciendo referencia a la historia del arte –por ejemplo, cómo en el XIX Rembrandt y Rubens fueron vistos de forma distinta– y a la capacidad crítica de las obras de arte, al cómo los comisarios añaden texto para explicar la naturaleza crítica de unos dispositivos que se suponen críticos por sí mismos. Creo que tú también estás interesado en cómo las palabras afectan a las imágenes y cómo las imágenes afectan a las palabras.
DC: Me parece determinante lo que se dice. Creo que normalmente se sobrevalora el silencio en ciertos contextos. Hay silencios elocuentes sin duda, pero me interesa pensar el arte como lenguaje en el sentido en el que Levy Strauss define el significado, como la posibilidad de trasladar la información a través de un lenguaje diferente. Considerando esto, hablar de arte supone desentrañar alguno de sus sentidos, buscarle el sentido, hacerlo significar. Si no posiblemente sea mudo.
RGV: ¿Por eso escribes sobre tu trabajo visual?
DC: Me parece que la escritura sobre el trabajo propio es un ejercicio de reflexión beneficioso. Se clarifican las ideas. Sin embargo, nunca he pensado que estos textos puedan ser de interés general. Muchas veces me ayudan principalmente para ordenar mis referentes, principalmente mis referentes teóricos, en cada caso.
RGV: Cuando visité “Cuadros de una cierta presencia sangrienta” en la Galería Ángel Romero (2008) me extrañó una pintura de una cabeza de cordero doblemente invertida. Parecía un cuadro dado la vuelta donde el modelo aparece correctamente. Gran parte de tu trabajo niega o invierte. En realidad, pienso que la negación es muy importante para ti.
DC: Yo también lo creo. Este cuadro del que hablas representa una cabeza de cordero puesta del revés sobre una mesa. Es un cuadro que trata del absurdo. La referencia de este cuadro es alguno de esos de Gerhard Richter en los que representa una calavera humana del revés. Una imagen lo suficientemente absurda para golpear a cualquiera.
El cuadro de Richter es una vanitas, el tema tradicional de la negación y la ausencia. El caso es que yo pinté mi cabeza de cordero del revés apoyada en una mesa en una especie de discreto homenaje a Richter y al absurdo. Cuando lo acabé de pintar me di cuenta que podía hacer algo mucho más absurdo, darle la vuelta al cuadro. Efectivamente, cuando ves el cuadro así puesto no se trata de una cabeza de cordero tradicional, sino de algo sin sentido. No tiene sentido porque contraviene una de las normas de nuestra lógica, se trata de dos negaciones: la cabeza de cordero dada la vuelta y vuelta a dar la vuelta. Pero el resultado no es una afirmación, una cabeza de cordero, sino que es una especie de sinsentido. La apariencia que adquiere la cabeza es la de una máscara, lo que también me interesó mucho. También me gustaba decirle a la gente que quien compre el cuadro tendrá dos cuadros en uno.
RGV: En el texto de este proyecto hablas de “la sangre como medio que hace presente al cuadro”. Pensé: La sangre pintada no huele a sangre, en relación a una entrevista reciente a Emilio Lledó donde habla de la apatía que siente cuando se presentan imágenes violentas en medios. Nosotros pertenecemos a otra generación, pero Lledó, como persona que sufrió la guerra civil, se indigna por la falta de realidad e integridad, representaciones sin olor de la pólvora, de la sangre y de la muerte… y esto enlaza con tus “Pasiones”.
DC: A nuestra sociedad no le gusta sangrar, pero nos encanta que nuestras pantallas estén llenas de sangre. Una de las percepciones que tuve cuando he estado viviendo en Nueva York es el miedo que se tiene a la sangre y cómo se vive la enfermedad como algo completamente fuera de la sociedad. Es una gran metrópoli, una de las más grandes, así que me parece que si se quiere hablar de nuestra sociedad hay que prestar atención a este tipo de manifestaciones.
La mierda de artista enlatada tampoco huele, ni siquiera el urinario-fuente se puede usar. Nuestra sociedad es cada vez más sofisticada, cada vez más simbólica. Hay quien dice que cada vez somos más inhumanos, yo creo lo contrario, cada vez somos más humanos, cada vez somos más diferentes al resto de las cosas. Me da la impresión de que esta reflexión no es mía, más bien me parece que éste es el tipo de cosas que dice Agustín Fernández Mallo.
RGV: ¿Como empezaste a desarrollar este proyecto "Cuadros de una cierta presencia sangrienta"?
DC: Posiblemente este ha sido uno de los proyectos más intuitivos. No respondía a una motivación clara. El sentido inicial era el de plantearlo como final de la exposición que hice en la Galería Ángel Romero. El grueso del resto de la exposición trataba sobre la ausencia, allí expuse mi proyecto "En sombra", que representa gente a tamaño natural sobre la tela cruda del lienzo pero sumergidos en una espesa sombra o bajo una luz muy intensa que imposibilitaba la visión de la carne de estos cuerpos.
Así que había estado pintando durante una larga temporada prácticamente en términos de blanco y negro. El pintar en rojo fue una necesidad casi fisiológica. A lo que se unió la fascinación por la carnaza de los escaparates de las carnicerías. Decidí emprender un proyecto corto y bizarro para acabar la exposición. Era también una manera de avisar al público de la exposición, lo que veis en esta exposición no es todo lo que hay, habrá más cosas. Pero creo que nadie lo entendió así, posiblemente sea por lo que hablábamos de que las cosas sólo se interpretan desde el presente.
RGV: Hablando de tu trabajo “Las Pasiones (después de Richter)”. ¿Por qué empleaste el cine como referencia en este trabajo?
DC: El proyecto “Las Pasiones” tiene dos partes, por un lado una serie de retratos de lo que yo considero que son “celebrities” actuales, personas o imágenes de personas retratables que configuran mi imaginario de ahora mismo. Y por otro, imágenes de la indolencia, el anonimato y la puerilidad.
La segunda parte de este trabajo está en proceso y hay imágenes del cine, la televisión, Internet, fotografías de mi imaginario, sin lugar a dudas, mediado por diferentes sistemas que interponen capas entre lo que se entiende por realidad y lo que realmente configura nuestra realidad. Lo que configura nuestra realidad son esas imágenes.
RGV: ¿Y esta negación que aparece constantemente en tus textos: pérdida, desaparición, aislamiento, apatía, disolución, ausencia, lo inhóspito, etc. También oscuridad, desasosiego, destrucción, trauma, ruido, inseguridad…?
DC: Por lo general me interesan mucho los artistas a los que no entiendo, esos son los que realmente me llegan a obsesionar. Durante mucho tiempo he estado obsesionado con Richter hasta que descubrí que posiblemente la clave para acercarme a él sería en términos de negación.
RGV: En “Las pasiones” y “Presencia sangrienta”, y en esta conversación, aparecen referencias directas a la historia del arte, a la historia de la pintura más concretamente. ¿Qué te atrae de la pintura hoy?
DC: No sé que me atrae de ella, quizá sea eso, la pintura simplemente te atrae. Aun así cada vez me siento menos pintor, no me parece que mi discurso se sitúe o tenga relevancia dentro de la historia de la pintura. No es porque me avergüence, esto lo digo después de un análisis de conciencia. Me atrae la pintura, pero no para mí.
RGV:¿Cómo la sitúas a nivel nacional e internacional?
DC: A nivel nacional me parece que está totalmente denostada. Si quieres pintar ya puedes explicar alto y claro por qué y más te vale tener buenas razones, a pesar de ello no te aseguran que las vayan a escuchar. Fuera de España parece que el panorama es diferente, por lo que he podido ver, no sólo se exhibe sino que no hay ningún complejo. Aquí mucha gente se avergüenza si le dices que pintas. Hace poco alguien me dijo que buscaban a artistas, pero a artistas, no al típico pintor que pinte.
RGV: ¿Qué tiene que pasar para cambiar esta situación?
DC: Posiblemente esto cambiaría si el arte español funcionara realmente fuera de nuestras fronteras más allá de algunos casos raros. Cuando las cosas funcionan se te van los complejos de un plumazo.
RGV: En tu “Proyecto Casa”, formado por dos grupos de 62 acuarelas y 44 óleos que presentan formas de mirar lo doméstico, escribes sobre el hogar como primera referencia del mundo, y lo conectas con “la sospecha del lugar del crimen”. Luego hablas del rizoma de Deleuze y Guattari. ¿Cómo relacionas esta forma horizontal de pensar/representar con este proyecto y con el resto de tus trabajos?
DC: Me parece que todo mi proyecto artístico tiene la estructura de un rizoma, del rizoma de Deleuze y Guattari. No se trata de una estructura arborescente (lo contrario al rizoma, en el que unas cosas son consecuencia directa de otras) sino que cada una de las obras en las que trabajo funcionan tejiendo una especie de red en la que las cosas se conectan de otra manera o a través de vínculos intermedios. Me parece que cada proyecto en particular, y el proyecto en general, tiene una estructura horizontal. Respecto a esto Fernando Castro Flórez podría decir algo así como que un barrizal también tiene estructura horizontal. Confío en que mi proyecto tenga ese sentido o esos vínculos que distinguen el barrizal del rizoma.
RGV: ¿En el barrizal no se pueden identificar conexiones?
DC: El barrizal es una acumulación no un sistema. Es horizontal porque cae por su propio peso.
RGV: En el “Proyecto Casa” acumulas pinturas de casas ardiendo, me acordé de la imagen de Ruscha “Los Angeles County Museum on Fire”. ¿Por qué tantas casas en llamas?
DC: "Proyecto Casa" aborda la idea de la casa, el hogar, desde diferentes perspectivas. En muchas ocasiones planteo la disolución del hogar, los incendios son imagen de su desaparición. También representa un miedo a la pérdida del hogar. Estas imágenes de incendios me remiten a uno de mis artistas más queridos, Juan Muñoz. Él representó muchos incendios, pero sobre todo escribió un texto de etno-ficción: “La posa”, en el que describe una estructura con forma de casa que después de un ritual se quema para volverse a construir. El fuego puede representar la disolución del hogar aunque también la posibilidad de uno nuevo.
RGV: ¿Puedes hablar del resto de las obras de este proyecto?
DC: Como te decía el proyecto abarca la idea de casa desde diferentes ópticas que me parecen oportunas, en general pueden tratar de la idea de lo inhóspito, o el “unheimlich” freudiano. De manera más concisa tratan de la perdida, la nostalgia, el extrañamiento del hogar, lo de dentro y lo de fuera, la casa prometida –lo que tiene mucho que ver con la idea de deseo.
RGV: ¿Tienes pensado dejar de pintar?
DC: Por el momento no lo creo, pero nunca se sabe. Siempre puede llegar el momento en el que sienta la necesidad de hacer otras cosas que me aparten o que simplemente deje de tener sentido. Siempre dejo de pintar a las 8.

Cuadro de una cierta presencia sangrienta, Óleo sobre lienzo, 150x114 cm, 2008

Las pasiones. Retratos (después de Richter), Óleo sobre lienzos, 25 cuadros de anchura variable y altura constante de 60 cm, 2009-10
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