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Entrevista a Ramón García Alcaraz



07 de Mayo de 2010 | Por Tiago de Abreu Pinto/Sara García Fdez

 

 

 

 

“Hay que devolver a la sociedad parte de lo que ella te dio”

 

 

 

 

Ramón García Alcaraz


Galerista

 

Apertura de la Galería My Name´s Lolita Valencia: 1988

Apertura de la Galería My Name´s Lolita Madrid: 1996



Revista Claves de Arte: Háblanos de cómo empezaste en el mundo del arte.

Ramón García:
Yo era coleccionista desde muy joven. Recuerdo que el primer cuadro que compré, tendría unos 20 años, fue una litografía de Equipo Crónica que todavía conservo. Estudié Historia del Arte porque fue mi vocación y sobre todo porque me abrió todas las posibilidades que yo quería, aunque iba en contra de la tradición familiar -yo tenía que haber sido médico- pero respetaron mi opción.



Historia del arte, en aquel momento, era una carrera en la que las mujeres eran mayoría, y tuve la suerte de estudiarla en Murcia, ya que tuve unos profesores increíbles como el Doctor de la Plaza Santiago que ahora es catedrático en Valladolid, el Doctor Ripoll que ahora está en Alcalá de Henares o la Doctora María Teresa Pérez Picazo. En aquella época todos estos profesores eran jóvenes, y el destino hizo que coincidieran en la Universidad de Murcia. En mi opinión, creo que nos transmitieron una fuerza intelectual y una actitud hacia el arte, difícil de encontrar incluso en las universidades más prestigiosas europeas. Fue un gran honor ser alumno de ellos.





RCA: ¿Cómo fue la transición de tu vida académica a la de galerista?



RG:
A mí la enseñanza ya me estaba agobiando. Llevaba unos diez años o más dando clases y me sentía agotado. Lo que más me interesó de esta etapa fue el trabajo de investigación. De investigar nunca te aburres porque es apasionante. El paso a ser galerista fue al final de la Transición (en 1988 se abrió la Galería en Valencia) y en ese momento había que dar un revulsivo.



En Madrid, por ejemplo, era la época de la Movida, donde la gente tenía un ansia de libertad tremenda, habíamos tenido mucho tiempo de franquismo y las libertades democráticas se esperaban como agua de mayo. Y en Valencia más aún. Había una frase que resume todo el pensamiento enloquecido de esta época: “Madrid me mata, Valencia me remata”.



Por aquel entonces, en mi casa, de Valencia, había reuniones de gente vinculada al mundo de la cultura, no sólo de las artes plásticas. Por allí se dejaban ver modistos, poetas, cantaores de flamenco, de ópera, pintores... Mi casa era una casa vieja, antigua, grande, donde había cabida para todos. La primera exposición que inauguró “oficialmente”, la Galería My Name’s Lolita, fue con Juan Ugalde y César Fernández Arias en 1988. A partir de ahí, la caballeriza de la casa fue el primer espacio expositivo de My Name’s Lolita. Surgió como una necesidad, de todo lo que hablábamos, de todas las posturas intelectuales y sociales del momento.
 

 

La actividad de la galería comenzó a tomar cuerpo y lo que surgió como un hobby, empezó a tener apoyos intelectuales, como los de Juan Manuel Bonet, Gail Levin o Fernando Huici, entre otros, y a tener un sentido. Al cabo de unos pocos años, decidí dejar las clases y dedicarme a la Galería a tiempo completo.




 

RCA: ¿Por qué el nombre My Name’s Lolita para la Galería?



RG:
No era cuestión de ponerle mi nombre a la Galería porque había unas pequeñas interferencias con mi labor docente. También estaba muy de moda poner el nombre del galerista a la galería y yo nunca he creído que el galerista sea el protagonista de la historia. Los protagonistas son los artistas de la galería, sin ellos sería imposible.



¿Por qué Lolita? pues porque los artistas que empezaron en la Galería tenían, en aquel momento, en torno a los 18-21 años, algunos no habían terminado ni siquiera la carrera de Bellas Artes. La apuesta era tremenda y, además, hacían figuración.



Ellos eran lolitas. Los propios artistas eran tan jóvenes y creaban tanto rechazo a la crítica oficial de aquel momento, que mejor llamar a la Galería My Name’s Lolita, en homenaje a la novela de Nabokov, pues la pederastia, en este caso, en el arte, no es perseguible.



Fue así como surgió el nombre. Ha pasado tanto tiempo que ahora ya debería llamarse My Name’s Doña Dolores, pero…





RCA: Tenéis dos espacios, uno en Valencia y otro en Madrid,¿ambos siguen la misma línea artística?



RG:
Siguen la misma línea, tanto el espacio de Valencia como el de Madrid. El espacio de Madrid nace porque había ya algunas galerías madrileñas a las que prestaba mis artistas desde Valencia y hubo un momento de desorden.

 

Pensé que era mejor abrir una galería en Madrid para que, por lo menos a nivel nacional, los artistas no tuvieran su obra repartida por otros espacios.



En el 96, los Lolitas ya no eran tan Lolitas. Tenían un cierto prestigio, empezaban a ser conocidos y podían ser llamados por otros espacios. Abrir galería en Madrid cubría las necesidades de la galería para poder dirigir mejor su carrera.





RCA: ¿Hay alguna diferencia entre el público de Valencia y el de Madrid?

RG:
Realmente no encuentro ninguna diferencia, siempre nos parecen pocos (ríe). Bueno, en Madrid hay quizá mayor actividad, porque la situación geográfica de la capital invita a que se un punto de encuentro, pero mucha gente que compra en Madrid no son de Madrid. Valencia es una comunidad muy sensible al arte, en música, en pintura, en cantantes…aunque para hacer negocios Madrid es mucho más ciudad.




 

RCA: ¿Qué es ser galerista?



RG:
Hay muchas formas de ser galerista. No es necesario ser doctor en Historia del Arte para ser un buen galerista. A los hechos me remito, hay galeristas impresionantes que no tienen estudios específicos sobre Historia del Arte. Es necesario tener un olfato especial y ser un testigo de excepción en la realidad que te toca vivir.
 

Luego están los galeristas Glamour, es decir, que venden el glamour, es una forma snob de “estamos trabajando con arte”, una postura para acompañar al objeto que estás vendiendo. Hay otras posturas, que son las intelectuales, y otras que ahora la nueva generación de galeristas tiene muy presente, y que ni siquiera tiene que ver con el glamour o con la base intelectual, sino como una empresa pura y dura, negocio, números, estrategia…es la última hornada de galeristas que yo veo que están saliendo y que tienen mucho futuro por delante.



Pienso que el galerista perfecto es el que tiene un poco de las tres cosas, una base intelectual seria, importante, porque después te tienes que batir el cobre con otros galeristas en el extranjero; el glamour, cada uno lo que entienda como glamour, y después está la otra parte, la de empresa pura y dura, que en el cóctel, ahora debería ser como un 50% para poder enfrentarse a la situación internacional. Todo esto lo metes en una batidora y saldría el galerista perfecto.





RCA: ¿Cómo han evolucionados las galerías desde los años 80?



RG:
A mi me pilla a finales de los 80, pero en los 80 había muy pocas galerías en España de arte contemporáneo, de hecho yo inauguro mi galería antes que el Museo IVAM de Valencia. No había ni museos en aquel momento. Recuerdo que estaban las dos o tres galerías de Barcelona, Juana Mordó en Madrid en los 70 como la gran reina y después Fernando Vijande, y para mí la que era la galerista de galeristas en los 80 fue Buades. Casi todos los grandes nombres de los años 80 pasaron por esa Galería. Cerró porque las galerías también tienen unos plazos y unos límites, pero sigue siendo una mujer con una cabeza y un olfato impresionantes.



Después, en los años 90, van apareciendo más galerías, en España empiezan a inaugurarse museos, cada Comunidad Autónoma tienen el suyo, algunas incluso dos. Ese hecho crea una activación en el negocio del arte contemporáneo y a partir de ahí las galerías se hacen más competitivas, salen a ferias internacionales, se crea una competencia. El único problema es que el número de galerías de altura y calidad en España está por encima del coleccionismo real que hay en nuestro país. Es decir, hay más galerías que coleccionistas. Ahí sí que hay un desajuste.
 

 

España no tiene un coleccionismo tan potente como puedan tener Gran Bretaña, o sobre todo Alemania, o Francia y sin embargo el número de galerías de prestigio y de nivel es muy parecido al de los países europeos mencionados.





RCA: En 2009 has organizado en tres salas públicas de Cartagena una exposición de Gonzalo Sicre.



RG:
Sí. Gonzalo es un pintor de Cádiz pero lleva afincado en Cartagena muchísimos años, es uno de los artistas que entró en mi galería como un lolita, con 19 años. Era completamente autodidacta.



El Ayuntamiento de Cartagena me propuso ser el comisario, ya no por galerista, si no porque era el que más conocía su obra. Llenamos tres salas de la ciudad desde los inicios hasta las últimas obras. Se movieron cuadros del Reina Sofía, del IVAM, de la Fundación Caja Madrid. Fue una exposición que recuerdo con mucho cariño y, claro, con muchos recuerdos al sacar cuadros que habías expuesto en el año 90.





RCA: ¿Has comisariado otras exposiciones?



RG:
Sí, hice una para la Fundación Caja Murcia, esta del S. XIX sobre Wssel de Guimbarda, una gran exposición, que no la comisarié yo, aunque hice todo el catálogo científico.



Después he hecho otra sobre Muñoz Degrain que ha recorrido los cinco continentes. Una muy especial, La Pintura Orientalista del siglo XIX, ha estado desde el Hispanic Institute de Nueva York, pasando por los Museos Nacionales de El Cairo, Roma, Amman, Beirut, Damasco, São Paulo…, bajo el patrocinio de la Generalitat Valenciana. Después comisarié otra de arte contemporáneo en el año 95, creo, para la Fundación Caja Murcia en la que yo escogí una serie de artistas de arte contemporáneo que yo pensaba que iban a destacar. Recuerdo que elegí a Juan Ugalde, no me equivoque, elegí a un Enrique Marty, que acababa de hacerlo suyo la Galería Espacio Mínimo, Chema Madoz, el fotógrafo que ahora tiene la Galería Moriarty, el Equipo Límite…




RCA: Háblanos un poco de tu colección privada.



RG:
Mi colección privada es un secreto de Estado (ríe)…pero yo colecciono de todo, todo lo que sea arte y no solo arte figurativo, porque a mi se me ha descrito como un talibán de la figuración, pero en mi colección tengo Millares, es decir, que la abstracción también me interesa, lo que sucede es que, como estrategia intelectual, en los años 80 estábamos tan hartos de la abstracción que lancé una mirada a la figuración. Mi colección es sobre todo de arte figurativo de los 90 y de lo que más tengo es de mis propios artistas, yo soy el mejor cliente de mi Galería. Tendré como 400 obras, entre fotografía, pintura, alguna escultura, dibujos…



 

RCA: ¿Te gustaría exponerla?



RG:
Prefiero tenerlas guardadas y en algún momento donarlas. Ese es mi pensamiento. Soy de los que piensan que hay que devolver a la sociedad parte de lo que ella te dio.

 

 

RCA: ¿Qué es el arte contemporáneo para ti?

RG:
El arte contemporáneo es realmente la vida por segundos, es el presente. Es el resultado de unas vivencias sociales, que en este mundo globalizado cada vez se parecen más. Sin él, no podríamos existir con dignidad.

 


 

 

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