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Entrevista a Sara Ramo



19 de Abril de 2010 | Por Tiago de Abreu Pinto/Sara García Fdez

 


"El arte es cambiar el camino"

 

Sara Ramo


Artista
Madrid, 1975


 

Revista Claves de Arte: ¿Cómo te decidiste a iniciar tu carrera como artista?
 

Sara Ramo: Para mi ser artista fue una cosa bastante accidental, que a veces es como creo que tienen que ocurrir las cosas. Es una especie de pasión… pero a veces es una pasión que puede surgir inesperadamente.


Cuando yo entré en la Escuela de Artes y Oficios era el primer año que funcionaba como una formación profesional, como una posibilidad de acceder a la universidad. Antes ya me gustaba pintar y hacer fotografía y allí en la escuela me empezó a gustar mucho más e hice Bellas Artes en Madrid. Luego me mudé a Brasil y terminé la carrera allí, hice los cuatro años allí.
 

 

RCA: ¿Por qué elegiste la fotografía para comenzar?
 

SR: Yo empecé con la fotografía de una manera más fuerte, digamos, tal vez porque era una cosa que compartía con mi hermano. Él era mayor, me enseñaba y nos montamos un laboratorio en casa y, claro, cuando te montas un laboratorio en casa en el que estás todo el día…Me gustaba mucho la escultura también, pero la escultura tenía su momento, su lugar, su hora. Era una cosa así como muy aparatosa, con piedra, con barro… y la fotografía no, era algo que podía hacer en cualquier momento, en cualquier lugar.


La fotografía fue el inicio para mí porque a través de la cámara empecé a fijarme en cosas en las que nunca me había fijado o en las que a lo mejor me había fijado y no había llegado a toda su potencia. Creo que aprendí a mirar el mundo, a ver qué me interesaba del mundo. Fue un aprendizaje de la mirada. Empecé a crear mi propio universo también a través de la fotografía.


Creo que tengo mucha relación con la escultura, incluso dentro de la fotografía, dentro de las instalaciones, dentro de los vídeos. Aparte de la fotografía, hago instalación, hago collage también, que es una cosa que me encanta.


Sólo me he dado cuenta de que utilizo varias técnicas, porque me han empezado a preguntar por qué utilizaba varias técnicas o cual es la importancia de las técnicas con las que trabajo, pero para mí siempre ha sido algo tan instantáneo… Es como si cada técnica potenciara más ciertas cosas. Hay momentos que un trabajo necesita ser dicho a través del movimiento y entonces utilizo el vídeo, hay cosas que prefiero que sea solamente una imagen, que sea algo más sintético…creo que hay diferentes momentos.


Está el momento del collage, que es más libre, en el que me permito más experimentación plástica, tal vez en el collage surgen cosas que luego voy a depositar en otros trabajos más ligados a la fotografía, pero que a lo mejor empiezo en el collage porque es una cosa muy libre y que puedo hacer en cualquier momento. Cada técnica me ayuda en una cosa.
 

 

RCA: En la pasada Bienal de Venecia pudimos ver uno de tus trabajos en vídeo titulado Quase cheio, quase vazio (Casi lleno, Casi vacío) Háblanos de este vídeo y de la relación que tiene con tu infancia.
 

SR: El trabajo de Venecia, Quase cheio, quase vazio, es un vídeo que hice en el barrio donde pasé la mayor parte de mi infancia, en Saconia (Madrid) que es todo de ladrillos y de cemento. Prácticamente no hay carretera por donde pasen coches, es todo túneles y áreas. Es un barrio que fue construido en el pensamiento de “vivienda para todos”, en esta idea un poco socialista de la construcción. Mi idea era potenciar esta sensación del espacio, que es un espacio donde te puedes perder fácilmente, hay algo de trampantojo en el vídeo, no sabes muy bien si existe o a qué escala está, si es una miniatura, si es grande, si es pequeño, hay una especie de gusto por engañar al ojo, pero que para mí ya estaba dentro de la sensación que tenía de ese espacio.


Es un vídeo en el que intenté plasmar esta idea de laberinto, de espacio que se repite, pero que nunca es el mismo. Y luego aparecen tres objetos que pertenecen al mismo grupo, aunque la persona que ve el vídeo puede no saberlo, una caja, una pelota, que está envuelta (y estaría dentro de la caja supuestamente) y las virutas; el contenido, el continente y la protección entre el contenido y el continente, que serían las virutas.


Estos objetos aparecen en este espacio como si estuvieran vagando, perdidos y lo que pasa es que nunca se encuentran, la pelota no encuentra a la caja… la caja no encuentra a las virutas… y también cada uno de estos elementos tienen una especie de potencia poética cuando aparecen, la pelota a veces se está moviendo, a veces está parada…es algo que hay mucho en mi trabajo, que es hacer de este tipo de elementos inertes, elementos con vida o elementos que podrían estar dentro de la naturaleza.

 

 

RCA: La segunda obra que pudimos ver en la Bienal de Venecia fue la instalación titulada La Casa de Hansel y Gretel. ¿Sobre qué trata esta obra?
 

SR: Esta segunda obra fue especialmente pensada para la Bienal. Es una instalación en la que hay tres habitaciones. La primera sala que es como una sala de espera. Hay una televisión, donde se ve un vídeo, una tierra muerta, que no sirve para el cultivo. Es un vídeo bastante simple en el que al final aparece una especie de casa en ese paisaje totalmente desértico. En la segunda habitación hay un montón de caramelos en el techo, que no se pueden coger, a los que los niños no tendrían acceso; y luego, en la otra sala, es en la que hay un horno y unas piedras. La idea es que el espectador entre físicamente en el trabajo que es el cuento, que entre físicamente en una versión del cuento.


Es un cuento en el que no hay un discurso, algo narrativo, sino que es algo casi físico, una experiencia física de Hansel y Gretel, o sea, que hay algo de memoria, del cuento, de lo que ocurrió…memoria y sensación de algo que pasó dentro de esa historia que tiene un poder simbólico muy fuerte para mí.


Hacía mucho tiempo que quería trabajar con esta historia, tal vez no sea el último trabajo que haga sobre ella. Es un trabajo sobre la infancia, pero ,sobre todo, sobre la pérdida de la infancia. Es una historia sobre el abandono, un poco sobre el hambre.


Es una historia sobre nuestra sociedad, sobre la sociedad de consumo. A mí, personalmente, no me gusta mucho crear una línea de comprensión para mi trabajo, creo que mi trabajo es bastante abierto y poético y, sobre todo, para que la persona pueda pensar por sí misma y tener su propia experiencia de lo que estoy contando.


Hay trabajos míos que a mí me parecen tristes y a otra persona le parecen graciosísimos y no pasa nada. Pero para mí la experiencia de este trabajo, hay momentos en los que es un poco asfixiante. El segundo cuarto, el de los caramelos, no me remite a nada alegre, sino a algo asfixiante y los caramelos parece que están creciendo por las paredes como si fueran bichos, como un plaga. Hay, también, un olor que es bastante empalagoso y la habitación está cerrada, hay una luz amarilla… Es una narración desestructurada, que el propio espectador tiene que hacer solo.


Para mí los dos trabajos se complementan mucho, son muy próximos. Creo que en los dos está la idea del laberinto. Cuando Hansel y Gretel se pierden en el bosque, se pierden porque el bosque es una repetición, es un paisaje que se repite mucho y, a medida que se repite, no identificas dónde estás, porque siempre crees que ya has estado en ese lugar.
 

 

RCA: ¿Qué significa para ti la infancia, tal y como la vemos reflejada en las dos obras expuestas en Venecia?
 

SR: La infancia tiene la potencia de lo mágico, que tal vez sea su mayor interés. Los objetos tienen otro significado, no tienen simplemente una función. Ellos (los niños) tienen la posibilidad de ver algo nuevo porque para ellos todo es un descubrimiento.


Aquí hay una potencia creativa grande y, además, nos da la posibilidad de relacionarnos con el mundo de una u otra manera, porque tal vez la agresividad que generamos de acuerdo al mundo en que vivimos llegue un poco por la idea del desecho, porque todo para nosotros es desecho. Producimos muchas cosas que tiramos…si consiguiéramos tener una relación con lo que nos rodea en un ámbito más mágico, como sabemos muy bien que muchas tribus tienen, las cosas no serían tan desechables. Ellos jamás ensuciarían un río, porque el río ellos son el río. No tienen esa relación de distanciamiento, con un río, con un árbol, con los objetos y con todo.


Nosotros tenemos una relación de distanciamiento brutal y el niño tiene menos, porque consigue ver una potencia viva en cada cosa. Pero, claro, un niño es un niño, lo interesante es cuando hay las dos cosas: el niño con la capacidad del adulto de pensar y ahí es donde entra el papel del artista.

 

 

RCA: ¿Cómo surgió tu colaboración con Daniel Birnbaum, comisario de la Bienal de Venecia?
 

SR: Yo en realidad tenía relación con Jochen Volz, porque él ya había trabajado con Daniel y trabaja para Inhotim, para esta colección de arte en Brasil. Jochen ya conocía bastante mi trabajo, ya había visto varias exposiciones… estuvo en mi última exposición en la Galería Fortes Vilaça y yo creo que Daniel conoció mi trabajo a través de él.

 

 

RCA: ¿Qué vinculación tienes con Brasil en lo relativo a tu trabajo? ¿Percibes las influencias del arte brasileño en tus obras?
 

SR: Vivo en Brasil, porque soy brasileña. Mi madre es brasileña, mi familia siempre vivió entre España y Brasil y tengo la sensación de que nunca nos fuimos de allí.


De repente, cambié mi vida, me fui a vivir a Brasil y para mí fue algo natural. Llevo casi 12 años seguidos y la verdad es que tengo mucho que agradecer a Brasil, porque ha sido el lugar donde me he formado y donde he tenido oportunidades, donde la gente ha creído en mi trabajo, donde he tenido grandes intercambios con artistas, con curadores…


Cuando yo empecé fui bastante entusiasta del trabajo de Helio Oiticica, de Lygia Clark. En la Universidad, cuando tenía que investigar sobre algo, siempre investigaba la década de los 70 en Brasil, que es algo que me apasiona.
Creo que fue un momento bastante revelador para el arte brasileño y para el arte en general. Brasil estaba viviendo un momento bastante difícil, la dictadura, y las artes tenían, además de una conciencia crítica, algo que yo creo que era un diferencial, una especie de irreverencia y espontaneidad muy grande.


En mi generación hay artistas bastante interesantes y creo que todos estamos bastante ligados a los años 70. Yo creo que a mí me aportó la espontaneidad. El arte de los años 70 era un arte muy vivo, muy experimental, sin miedo, con pocas referencias. No tenemos el peso de las grandes referencias, ni de los grandes padres, que nos aplastan como me parece que ocurre un poco en Europa, allí parece que todo está por hacer.
 

 

RCA: ¿Qué es el arte para ti?
 

SR: Para mí es la posibilidad de transformación. Para mí lo mágico es la transformación de lo banal. Creo que arte es la posibilidad de transformar no sólo lo banal, sino muchas otras cosas, aunque hay muchos tipos de arte. Es la posibilidad de crear un pensamiento crítico en relación al mundo en que vivimos, pero de una manera también física, es decir, construyendo algo, como una imagen, un vídeo… y experimentar, cambiar el camino.
 

 

Sara Ramo participará en abril en la Bienal de Lleida. Además, está preparando una exposición junto a Cinthia Marcelle que se podrá ver a partir del 3 de julio en la Galería Fortes Vilaça. En España, veremos la obra de Sara Ramo en una exposición individual que tendrá lugar en noviembre en la Galería Estrany de la Mota, Barcelona.

 


 

 

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