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Entrevista a Eduardo Leme



09 de Febrero de 2010 | Por Tiago de Abreu Pinto/Sara García Fdez

 


Instalación pictórica de Agustina Núñez

 

 

"Mi colección es el álbum de fotografías de mi vida"

 


 

 

 

Eduardo Leme

 

São Paulo, 1965


Galerista


Apertura de la Galería Leme: 2004

 

 

Revista Claves de Arte: ¿Por qué decidiste abrir la Galería Leme?


Eduardo Leme: Bueno, yo me licencié en economía y decidí abrir la Galería hace prácticamente cinco años. Hace seis años que empezó el proyecto. Empecé a trabajar en el mercado financiero con 15 años de edad, algo muy atípico en Brasil, y a los 30 años empecé a cansarme porque trabajaba en el área de tesorería, que es un área muy agresiva, un área que te agota. Aunque pienso que la historia del arte me acompañó desde los 20 años, desde que empecé a coleccionar. Creo que era una válvula de escape.


Todos los que tienen un trabajo muy radical, muy intenso, como es una mesa de operaciones, acaban haciendo un deporte o cualquier otra actividad paralela para desconectar. Yo acabé optando por las artes plásticas, que siempre me han gustado. Era un mundo completamente distinto, estoy hablando de hace 25 años en Brasil, donde la escena era otra, más embrionaria. Era más o menos mi hobby, hacía que me desligase del mercado financiero y conociera otro tipo de vida.


Un día estaba en mi oficina y comprendí de pronto que no quería trabajar más en el mercado financiero. Pregunté a mi socio qué podría hacer y él dijo que yo era una persona que no tenía muchos hobbys aparte de las artes plásticas “¿Por qué no montas una galería?”- sugirió. Así fue como empezó la historia a la que fácilmente le dedico 24 horas al día.

 

 

RCA: ¿Cómo empezaste a coleccionar?


EL:
Fue una historia muy graciosa. Un día me estaba cortando el pelo y vi un póster de una exposición en la Galería Luisa Strina, que lleva 35 años en el mercado, y es la más antigua y la más establecida en Brasil, sobre la exposición de Leda Catunda, Sergio Romagnolo, Leonilson y Ciro Cozzolino -cuatro artistas de la época, pertenecientes a una generación famosa en los 80- y me quedé fascinado. Recuerdo que me corté el pelo, salí de allí y fui directamente a conocer la Galería. Fue la primera vez en mi vida que entré en contacto con las artes plásticas. Al mismo tiempo, gracias a la artista Dora Longo Bahía, que es mi prima, empecé a frecuentar el circuito. Así que, el “start” fueron esas dos historias.


También tenía una novia en la época, que su tío era Dudi Maia Rosa, un artista muy conocido de otra generación, así que empecé a frecuentar vernissages con los dos y creo que ahí comenzó toda la historia.

 

 

RCA: ¿Qué nombres dirías que han sido los más influyentes en tu formación como galerista?


EL:
Para mí es difícil mezclar la historia del coleccionista con el galerista. El coleccionista fue sin duda alguna el comienzo. El primer trabajo que yo compré fue el de Dora (Longo Bahía) y para mí no tiene precio. No es solamente el valor sentimental. Es un trabajo que me gusta mucho y es una artista que me encanta y que sigo comprando y también sigo su carrera artística. Es una gran amiga y fue muy importante para abrirme las puertas.


En esta época trabajaba con ella Ricardo Trevisan (director de la Galería Casa Triángulo), era una galería muy alternativa y ahora muy establecida, que presentaba artistas muy contemporáneos. Así que los que me lanzaron en esta historia fueron Ricardo Trevisan y Luisa Strina, como galeristas y Marco Antonio Vilaça ya fallecido, como coleccionista, que hizo que el mercado brasileño de arte cambiara completamente.


En el año 2000 ya empecé a frecuentar el circuito internacional con un poco más de flexibilidad (cuando trabajaba en el banco no tenía mucho tiempo para hacer ese tipo de viajes) y cuando dejé el banco y empecé a trabajar en mi negocio, empecé a ir a ARCO, que creo que es una puerta de entrada. A partir de entonces comencé a ir a otras ferias como Basel. En esta época no existía Frieze, Miami Basel, ni esta cantidad de ferias que existe hoy. Empecé a frecuentar degrees shows en Londres que me gustan mucho y empecé a abrir mi mente. Empecé a ver que no existen solamente las cosas hechas en Brasil.

 

Como economista empecé a contrastar precios y percibí que las obras aquí eran más caras que fuera. Empecé a entender la dinámica del mercado. La distancia de Brasil, la importancia y las dificultades de estar lejos y cómo influencia eso la producción o no, hizo que mi colección cambiase de dirección.

 

RCA: ¿Cuál crees que son las principales diferencias entre Brasil y otros países? ¿Cómo ves la infraestructura de arte en Brasil?


EL:
2009 es una cosa, 2000 era otra diferente. Son 9 años de diferencia. El arte brasileño se empezó a internacionalizar a través de dos, tres galerías. En aquella época Brasil estaba pasando por un proceso de apertura económica, aunque no llegaban muchas cosas. El gran evento siempre fue la Bienal de São Paulo, pero en las galerías brasileñas no podías ver exposiciones de artistas internacionales. Tenías que salir para encontrarlo.


Hoy hay muchos artistas internacionales aquí en Brasil. El cincuenta por cien de los artistas que represento son extranjeros y no me importa si el artista es de Finlandia, de Noruega o de Japón, yo expongo lo que me gusta. Hay muchas galerías que están haciendo lo mismo hoy, algo que en aquella época no existía.


Yo creo que hubo un cambio en el concepto global de las galerías. Los artistas brasileños no estaban incluidos en el escenario internacional. Los modernos (pertenecientes al Modernismo Brasileño) Portinari, Di Cavalcanti, Tarsila do Amaral, Volpi, son artistas que fuera no tienen el reconocimiento que tienen aquí dentro, aunque yo creo que se irán descubriendo progresivamente en el extranjero. El proceso de internacionalización empezó a través del arte contemporáneo.

 


RCA: Viniendo de otro ámbito completamente distinto, ¿qué cosas te sorprendieron más en los primeros años de la Galería?


EL:
Bueno, en el primer año tuve una cierta euforia que me cambió completamente, incluso a nivel personal. Al estar encerrado en una mesa de operaciones de un banco, tu vida social es muy pequeña. Las decisiones que tomas son muy rápidas y generalmente una persona que trabaja en este mercado no es una persona tranquila, sino más bien ansiosa y práctica, y creo que en el mercado del arte y en otros mercados las decisiones no son tan rápidas.


Durante el primer año experimenté un cambio en el sentido social, empecé a relacionarme con las personas, reaprendí a relacionarme. En la Galería tienes una relación muy personal. Eso fue muy placentero para mí en el comienzo y lo continúa siendo y fue toda una sorpresa en aquel momento.


Pasado ese período inicial en la galería, en el que yo no había planeado mucho, me di cuenta de que había una burocracia que retrasaba, no solamente aquí en Brasil sino en todo el mundo, el funcionamiento de las galerías. Porque son solamente una sala de exposiciones, sino que son además un negocio y tiene otras partes, como la contabilidad o la importación que ocupan el tiempo total de cualquier galerista. No es un problema mío es un problema de todos.


Otra cosa que empecé a percibir es que la distancia de Brasil a Europa, a Estados Unidos o a otros países es un factor problemático en lo referente al transporte. Nosotros, latinoamericanos, tenemos ese terrible problema. Aquí en Brasil, por la distancia, tienes que planear con mucha antelación y eso es una cosa que no favorece al mercado brasileño, es una gran dificultad que he percibido a lo largo de este tiempo.

 

 

RCA: ¿Qué tipo de arte buscas como galerista?


EL:
Como yo todavía colecciono y el coleccionista es un poco compulsivo, no tengo una temática definida. Colecciono lo que me gusta, cualquier tipo de medio. Es difícil de decir, como galerista busco lo que yo tendría para mí en mi colección.


Busco conocer al artista. La Galería que está dividida entre la galería principal y un storage, al que invito a artistas a venir. Es muy interesante ver al artista trabajando y así puedes comprobar si no te has fascinado a primera vista, en la primera mirada de su trabajo y el artista en realidad es bueno, es buena persona, con un buen carácter, buen compañero, es decir, si no es simplemente un producto final.


Acompañas todo el proceso y eso te da una fuerza enorme. Así consigo tener no solamente un argumento de venta sino un placer personal muy grande. Este tipo de cosas son fundamentales. Eso es lo que busco, entender porqué este artista ha llegado a este punto y así puedo transmitirlo.


La Galería acabó siendo una extensión de mi casa, ése era el proyecto inicial. Por pura coincidencia, la casa en la que vivo es del mismo arquitecto que hizo mi Galería. Mi casa no es un showroom, es mi casa y la Galería es como si fuera mi casa pero sin la invasión de privacidad. Las personas que entran en la Galería saben que lo que allí encuentran lo tengo también en casa. No era mi intención tener ese ritmo, pero tengo que ser fiel a lo que me gusta.

 


RCA: ¿Qué técnica artística crees que tendrá más presencia en la próxima década?


EL:
Pues, hablando sobre eso con unos amigos el otro día, creo que las instalaciones van a empezar a entrar dentro de casa. La instalación hoy es vista como una pieza de museo o una pieza para un espacio público y creo que, cada vez más, las personas buscan una instalación para tener dentro de casa como parte del día a día, sea una instalación en vídeo o pintura o en cualquier formato. Pienso que los artistas de instalaciones van a tener más presencia.


Si atiendes a la generación de artistas que rondan los treinta años, la gran mayoría ha hecho este tipo de trabajo. Creo que el negocio va crecer muchísimo y salir del ámbito público e institucional y entrar en el ámbito privado también. No sólo vas a ver grandes coleccionistas de instalaciones, vas a ver, también, a un coleccionista medio que va a apartar el sofá y empujar la mesa hacia la pared para tener la instalación como una pieza central. No es una apuesta, es un feeling que tengo.

 


RCA: ¿Cómo describirías tu colección?


EL:
Me acuerdo que al comienzo, cuando empecé a comprar arte, porque no era ni siquiera coleccionar, tenía prejuicios con las obras pequeñas, con los trabajos sobre papel. Y a lo largo del tiempo noté que mi colección estaba formada por pequeños formatos y obra sobre papel. Soy una persona aficionada a la acuarela (incluso con la humedad que existe en Brasil, que hace que poca gente coleccione trabajos sobre papel) y tengo muchísimas, porque me encantan. Vas viendo como cambias con el bagaje acumulado que adquieres y eso es lo que intento transmitirle a las personas.
 

Mi colección es una confusión terrible, quiero decir, en realidad mi colección depende de si me encuentro en un momento más contento, entonces compro algo más colorista y, el otro día reparé en ello, ha terminado siendo un retrato de mis últimos 25 años. Yo no tengo piezas caras. No creo que las colecciones tengan necesariamente que tener piezas caras, sino que tienen que ser muy personales. La mía es una confusión, tengo artistas de todas las generaciones, de muchos medios diferentes, no existe una coherencia estética, aunque sí una coherencia con lo que ha pasado conmigo en los últimos 25 años. Es un álbum de fotografías de mi vida.

 

 

 

 

 

 

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