La Galería Soledad Lorenzo nos invita con su nueva exposición a conocer el último trabajo de Íñigo Manglano-Ovalle (Madrid, 1961), al que ya hemos podido ver en otras ocasiones en el mismo espacio. La presente muestra, titulada White on White, la configuran una serie de instalaciones – proceder habitual en su trabajo –, compuestas por objetos escultóricos, fotografías y vídeo. El número total de piezas es escaso, pero su efecto global dista mucho de ser insuficiente o parco, caracterizándose, en cambio, por una poderosa presencia plástica, y sustentado en un entramado de contenidos cuidadosa y complejamente elaborados.
Si bien a todos nos es común cierta sensación de extrañamiento y frialdad cuando visitamos galerías de arte contemporáneo, compuestas por uniformes y geométricas superficies blancas, sólo interrumpidas por pequeños detalles en materiales industriales de perfecto acabado, en este caso, la Galería Soledad Lorenzo se perfila como el marco ideal para el proyecto ideado por Manglano-Ovalle. El sentido y fuerza expresiva de las obras resultan potenciados precisamente por el lugar que las acoge. La Galería contribuye a definir la muestra en función a las relaciones recíprocas establecidas por el artista con sus juegos de escala y bicromatismo.
White on White se presenta ante el espectador como un conjunto artístico de patente atractivo estético, donde originales yuxtaposiciones logran crear y transmitir sensaciones cautivadoras. Sin embargo, la aparente impresión de bella y perfecta ejecución técnica no es el fin último del artista, sino más bien un medio con el que atrapar y cautivar al espectador, para a continuación enfrentarle con esa otra cara, oculta a simple vista, y que es la que sustenta conceptualmente todo su trabajo.
De este modo, Manglano-Ovalle logra satisfactoriamente dar forma plástica, y poética también, a sus reflexiones teóricas, centradas en problemáticas de plena actualidad: el cambio climático y las guerras.
El amplio espacio que nos acoge está ocupado al entrar por una construcción gigante, realizada con opacas y brillantes telas blancas estructuradas mediante listones negros. Como su título indica, Tent es una especie de gran tienda, y está inspirada en el diseño para un refugio de estructura geodésica que un arquitecto realizó a finales de los años 70 para una expedición en el Ártico.
El artista, con su propia reconstrucción, ha inutilizado la función original de la tienda, al colocarla volcada, en una inusual posición que semeja más una esfera terrestre y porta los ecos de aquellas variaciones sobre iglús que realizara M. Merz.
La escala, magnificada, juega a su vez con el espacio de la galería y el lugar de observación del espectador, obligado a rodearla y esquivarla. Esta instalación se completa con seis fotografías, que de nuevo inciden en el juego bicromático del blanco y el negro. A simple vista, por sus formas abstractas, caprichosas y sugerentes, recuerdan los célebres test de Rorscharch.
Aunque la asociación con el ámbito psicológico no es desatinada, el punto de partida es otro muy distinto. Manglano-Ovalle, tomando datos e imágenes de la NASA que muestran una parte de la costa de la Antártida, los ha manipulado de manera que cada imagen fotográfica aparezca repetida de forma especular. Serie Iceberg B15 nos muestra, en definitiva, cómo las condiciones climatológicas han incidido sobre el lugar antártico, y lo presenta ante los espectadores tras su propia intervención y manipulación artística.
Un planteamiento teórico similar y coordenadas estéticas cercanas son aplicados al vídeo titulado Juggernaut, 2007. Nuevamente, se presenta en un soporte de escala significativamente ampliada una imagen muy granulada, rodada en blanco y negro, y que ilumina levemente la sala oscura donde se proyecta. Este vídeo enlaza con la temática medioambiental anterior, volviendo a subrayar la cuestión de las desequilibradas relaciones entre el ser humano y la naturaleza.
El artista madrileño ha filmado una reserva de Biosfera en México, cuyo espacio está destinado al apareamiento de la ballena gris, en peligro de extinción. Pero, sorprendentemente, lo que vemos no es el hábitat del animal, sino el espacio natural de la costa contigua, formado por unas salinas que son explotadas por una compañía mexicana y la Corporación Internacional Mitsubishi de Japón.
Lo que puede contemplarse es una gran toma del paisaje, con una llamativa profundidad de campo, de evidentes resonancias sublimes. Moviéndose lentamente aparece en primer plano uno de los camiones extractores de sal, a la vez que se oyen fuertes sonidos. La potencia de la imagen y la parsimonia del movimiento del vehículo logran seducir al espectador e inducen a cierto ensimismamiento. Pero es el dato clave de la empresa japonesa mencionada más arriba el que establece el hilo de unión interpretativa y crítica con la siguiente pieza, sin duda la más lograda del conjunto.
Dirty Bomb, 2008, es una escultura construida con material procedente de coches deportivos, con un aspecto brillante y pulido, de perfecto acabado industrial y, como no podía ser de otra manera, en un inmaculado color blanco. Representa la tristemente célebre bomba arrojada sobre Nagasaki al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Con un tamaño portentoso, resaltado a la vista de las gruesas cadenas de las que cuelga la ‘bomba’, sus límpidas superficies y elegante forma parecen contradecir la aborrecible función destructiva que la caracteriza.
Al mismo tiempo, recuerda por su apariencia al cuerpo de aquellas ballenas ausentes en el video, y se relaciona con otro trabajo anterior del artista, presentado en la documenta XII de Kassel, Phantom Truck, 2007, y del que aquí se muestra una fotografía. Se trata de otra construcción, a tamaño real, esta vez centrada en la temática de las armas de destrucción masiva que, según Colin Powell, poseía el gobierno iraquí. En el caso de Dirty Bomb, el interés creativo de Manglano-Ovalle va más allá de la simple reconstrucción escultórica, añadiendo un componente de intervención activa, del cual no vemos más que unos anónimos guantes, a modo de prueba o vestigio de lo ocurrido: la pieza fue violentamente manchada de barro y a continuación limpiada con gran cuidado por su autor.
En definitiva, se trata de un trabajo contundente y necesario el realizado por este artista, que muy agudamente se plantea la problemática relación dentro del campo artístico entre la estética y la ética. O lo que es lo mismo, cómo conseguir una belleza artística y formal partiendo del diagnóstico críticamente desolador de nuestra época, y que logre articular y transmitir un contenido de manera efectiva, para facilitar la lectura y reflexión consciente que se espera de los espectadores.
Iñigo Manglano-Ovalle, White on white
Hasta el 20 de febrero 2010
Galería Soledad Lorenzo
c/Orfila 5, 28010 Madrid – tel.: 913 082 887
Fecha de inicio: 13 de Octubre de 2010.
Fecha de inicio: 26 de Febrero de 2010.
Fecha de inicio: 02 de Octubre de 2009.
Fecha de inicio: 05 de Febrero de 2009.
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