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Vicky Uslé y Carolina Silva enTravesía Cuatro



12 de Febrero de 2011 | Por Javier González Panizo

 

 

 

Izquierda: Vicky Uslé. Hiniro, 2010. Óleo sobre papel. Derecha: Carolina Silva. Open Window, 2009. Acuarela y lápiz sobre papel. 

 

 

En un pasaje de “No escribo con luz artificial”, Derrida recuerda el uso de la palabra Riss que hizo Heidegger en su obra “El origen de la obra de arte”. Aunque referido a la arquitectura, Riss, como trazo o hendidura, también puede pensarse, más en la honda deconstructiva, como la huella de una escritura, como lo nómada, quizá incluso olvidado, como la apertura de una senda que va inscribiendo su rastro sin saber a donde va.

 

El camino no es lo mismo que el método; construir en medio del camino remite a un habitar como acontecimiento, a un vivir donde se sale y se entra, donde se está constantemente en camino, donde lo que se deja atrás es simplemente una huella, un trazo, un vagabundeo. Si la arquitectura tiene por cuestión el establecimiento de este lugar que hasta entonces no ha existido, y si dicha construcción se da como acontecimiento, como algo que se erige en medio del camino, la pintura, en especial la de Vicky Uslé (Santander, 1981), tiene en su interior muchas similitudes. 

 

Ya el simple título nos dice mucho: Into habitats; la pintura de Uslé construye, modela al tiempo que esculpe; se comprende como silueta pero también como contenedor de un espacio siempre evanescente, modulado por multitud de horizontes que se entretejen. Justo cuando el espacio está a punto de ser construido y la silueta perfectamente ejecutada, la pincelada toma otro rumbo, deshaciendo lo andado o construyendo más allá de lo esperado.

 

Lo así construido no es ni mucho menos un espacio, sino que debe de ser comprendido como una invitación a reconstruir la huella que queda, a reordenar el espacio de acuerdo a nuevas coordenadas topológicas.

 

Su pintura, pese a valerse de la huella, del rastro y la expresión, dista mucho de poder calibrarse como expresionista, sino que tiene más de intuitiva y orgánica. Pese a que la completitud que busca está siempre por venir, sin duda alguna, es ahí hacia donde nos invita a mirar: hacia un horizonte siempre nuevo como prueba de un mundo en constante cambio.

 

Por su parte, la obra de Carolina Silva (Madrid, 1975), pese a entrar también de lleno en el mundo de la sugerencia y el apunte, pese a valerse igualmente del sueño y del recuerdo, más que a preocuparse por la construcción de habitats físicos, perceptivos en el sentido material de la pincelada, se preocupa más bien por otros espacios: los de la mente, los de la abrupta intimidad de nuestras representaciones más fantasmales.   

 

Valiéndose de la figura del Zashiiki-warashi, figuras espectrales de naturaleza infantil pertenecientes a la tradición japonesa, la artista explora los territorios de lo no-obvio. Al igual que la casa donde habita el Zashiiki-warashi ha de reconocerle y venerarle para atraer a la buena suerte,  de igual manera  la artista nos sugiere un modo de aproximarnos al reino de lo íntimo, de lo que se deja dentro de un cajón para evitar que sea visto. En este sentido, reconocerlo, reconocer que al menos existe un ámbito donde no se sabe bien si se evita ver o no se desea ver. Sus acuarelas nos remiten al territorio de lo secreto y de lo íntimo.

 

Sus dibujos desprenden una siniestralidad infantil donde una incomodidad en la percepción nos lanza en pos de aquello otro que no es visto. Efectos de perspectiva imaginarios, sombras misteriosas, el imaginario infantil subvertido por una extraña atmosfera, todo ello nos envuelve en nuestras propias vivencias haciéndonos comprender que, quizá, sea más bien lo intangible, lo transparente, lo efímero e impredecible lo que nos ha ido construyendo para traernos hasta aquí.

 

Como conclusión, ambas artistas enfatizan de manera magistral la importancia que la pintura, pese a las miles de muertes que se le han atribuido, aún tiene para el arte. Capacidad de sugestión, de imaginar, de traspasar el umbral de lo obvio y lo presente, para dejarse embaucar por lo aún-no-construido o por lo no-mostrado. Pintura por tanto, y pese a la fragilidad de sus composiciones, de una contundencia muy poco común en la actualidad.

 

 

Vicky Uslé Into Habitats/Carolina Silva: The Drawer

 

Hasta el 20 de enero de 2011

 

Galería Travesía Cuatro

C/San Mateo 16

28004 Madrid

Tel.91 310 00 98

www.travesiacuatro.com

 

 

 

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