
Untitled, 2010. 139.7 x 152.4 cm
El arte hace posible las contradicciones. Es capaz de hacernos creer que estamos en otro lugar, transformar eso en aquello, que el verbo “ser” y “parecer” sean lo mismo. Lo sorprendente de Raha Raissnia (Irán, 1968) es su enorme capacidad para aunar la figuración y lo abstracto (términos que nos han enseñado como antitéticos e incompatibles). En sus obras no llegamos a distinguir formas, y sin embargo, en ningún momento nos sentimos expulsados de ellas. Es más, las habitamos, nos paseamos por ellas, nos escondemos. La muestra que podemos ver en la Galería Marta Cervera nos revela el proceso de trabajo que ha seguido Raissnia: partir de un fuerte realismo para deformarlo y difuminarlo.
La técnica, en este sentido, está claramente dislocada para que no sea reconocible. La artista recurre al óleo sobre lienzo, pero también a las diapositivas pintadas, a las fotografías, incluso a las radiografías, demostrando que la profundidad se puede convertir en superficie, y no por ello perder puntería. Frente a las obras de Raissnia, no podemos asegurar ninguna técnica, porque parece utilizarlas todas a la vez.
Raissnia sostiene que para ella es fundamental el concepto de sinestesia en el arte, y para ello busca la confluencia entre la pintura, el cine y la música. Sobre todo se centra en esta última, ya que es capaz de transmitir cualidades plásticas de manera auditiva. En este sentido, hay que destacar la pieza de film performance de la exposición, que concentra de manera eficaz todas las aspiraciones de la artista. Pensamos en Rudolf Schwarzkogler y en su acción Wedding de 1965, ya que en ella observamos la misma confusión de técnicas y soporte artístico; en Philip Corner, en Maciunas y en Tehching Hsieh. Recordamos también a Wodiczko y sus proyecciones sobre la arquitectura urbana. En efecto, las obras de Raissnia sugieren una fuerte impresión de sombras y ausencias, casi como si estuviéramos en una película expresionista. Sentimos que estamos huyendo, y hemos aparecido bruscamente en esas habitaciones tan oscuras. Una vez allí ocurre algo extraño: ya no distinguimos señales de profundidad y volumen. La técnica del collage, que aparece en algunas obras, refuerza esa intención de yuxtaponer técnicas, igual que en una secuencia cinematográfica se superponen distintos planos.
El cineasta Eggeling ya hablaba de cine como “creación pura”, perfecta para plasmar eso que le falta a la pintura: la dimensión temporal. Hans Richter insistía a su vez en el enorme hallazgo que había supuesto el cine para resolver ciertos problemas, como la coordinación formal, el color y la simultaneidad. De esta manera, sólo la transformación de las formas, su desarrollo y proyección en el espacio constituyen materia suficiente para contruir una película y mezclarla de manera ambigua con la pintura.
Es precisamente en este territorio confuso donde trabaja Raissnia. Parece que la artista se mueve entre la vehemencia del expresionismo y la contención de la abstracción (contención aparente, claro, porque todos sabemos que el código es una manera de esconder el grito). Casi a la manera de Ansel Kiefer, hay una preferencia por la sombra y la oscuridad, como lugares de la creación fotográfica, es decir, a partir de la luz. Insistiendo en esa capacidad del arte para hacer posible lo improbable, la artista iraní nos desmuestra que se puede obtener oscuridad a partir de lo luminoso.
Raha Raissna
Glean
Hasta el 11 de Diciembre
Galería Marta Cervera
C/General Castaños, 5
28004 Madrid
Tel. 91 310 50 36
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