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Ángel Ricardo Ríos en la Galería Fernando Pradilla



19 de Agosto de 2010 | Por Nieves Limón

 


 

Todos los años por estas fechas, Madrid adolece de altas temperaturas, calor que impregna las calles y sube por los pies hasta las sienes. Entonces, para aquellos que sufran el agosto madrileño (tranquilo, sosegado, divertido también)  evadirse es fundamental: una terraza en la que beber, un cine en el que adormecerse, una galería de arte para perderse… Con ese fin, con la intención de dejar fuera no sólo el calor sino también la apatía, podemos simplemente observar las más de treinta obras que componen Objetos de Deseo o, ahí va la recomendación estival, sumergirnos en las telas y los dibujos de la tercera muestra en la capital del artista cubano afincado en México Ángel Ricardo Ríos (Holguín, 1965).

 

 

 

Ríos ya enseñó en anteriores exposiciones algunas de sus confesables debilidades convirtiendo simples objetos cotidianos en claras referencias a lo placentero, apelando sin titubear a los instintos más primarios. Se decantaba entonces, en ese El Jardín de los tapices (muestra que podía verse en la Galería Fernando Pradilla allá por 2006), por la pereza y holgazanería a la que invitaban irremediablemente sus mullidos cojines dibujados, sus formas mórbidas y universos de sillones. Volaban también por sus lienzos, sin referencias espaciales claras, otro menaje del hogar, pero eran los volúmenes aptos para el reposo parte evidentemente atractiva de la exposición. Ahora le ha llegado el turno a la gula y la lujuria: la cadencia humana a lo pecaminoso se percibe igualmente en Objetos de deseo donde no se hace ascos ni a la amalgama de formas multicolores que parecen caramelos, ni a un abanico enrevesado de dildos, falos y bolas chinas.

 

Así, conforman este universo eroticofestivo pintado (las esculturas del artista tampoco se muestran en esta ocasión) objetos a medio camino entre los prototipos y la abstracción que, además, cuelgan, se suspenden, en fondos planos y monocromáticos. Decantándose en muchas de sus obras por el gran formato, Ríos nos permite extraer pequeñas partes de sus pinturas que, a modo de eslabones perdidos, se engarzan conformando paisajes sin límite. Usa el cubano formas geométricas muy simples que tiende a pulir, a redondear, hasta convertirlas en un sinfín de cuerpos orgánicos que escupen fluidos y objetos tecnológicos que apelan al placer genital. E intercalando, entre sus obras sexualmente más activas, dulces y golosinas se completa la sensación de encontrarnos ante un mundo más soñado que vivido.

 

Si bien no son absolutamente explícitos los objetos que conforman cada composición (jugar al test de Rorschach no es mala técnica para completar cada forma), las sugerencias son fácilmente descifradas permitiendo que Ángel Ricardo Ríos traspase, en más de una ocasión, la delgada línea que separa el placer del dolor, el gusto de la nausea. Tanto dulce no empalaga, pero la mezcla de fluidos, dildos, formas informes y proyecciones personales hacen que, algunas de sus pinturas, desconcierten. Entonces, la emoción de presenciar un universo de animación que, una vez más, recuerda al gato de Chesire de Carroll, se desvanece y caemos en el vicio: culpa ante el deleite. Sea como fuere, en el lado del agrado o del desagrado, lo cierto es que la muestra que podrá verse hasta el 4 de septiembre (para entonces, con un poco de suerte, habrá pasado ya el calor), alivia, evade. Apelando de esta manera a la necesidad de ensoñación descrita, nos encontramos ante un artista que va consagrándose en nuestro país a golpe de pecado capital.

 

 

Ángel Ricardo Ríos

Objetos de Deseo

Hasta el 4 de septiembre de 2010

 

Galería Fernando Pradilla

Claudio Coello, 20

28001 Madrid

tel: +34 91 575 48 04

http://galeriafernandopradilla.com/galeria/

 

 

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