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Rafael Lozano-Hemmer en Max Estrella



21 de Mayo de 2010 | Por Nieves Limón. Fotografías de José A. Carrillo

 

 

Compañía de los Colores (Company Colours). 2009. 

 

 

 

En el año 2000, el artista Rafael Lozano-Hemmer (Ciudad de México, 1967) copó los edificios que rodean el Zócalo de su ciudad natal con dieciocho cañones de luz llamando a la participación de sus compatriotas en el diseño de lo que él denominó “arquitectura relacional”.

 

Esta obra, que venía a sumarse a su trayectoria artística marcada por tres coordenadas básicas (a saber: el uso de las mal llamadas nuevas tecnologías para la creación y transformación de espacios públicos en un intento de hacer realmente significativa la presencia del espectador en el arte) asombró primero por sus dimensiones y pretenciosa magnitud para, acto seguido, dejarnos ante debates como el progreso tecnológico y las consecuencias que acarrea.

 

 

 Alzado Vertical, título de la citada obra del artista licenciado en Física, pretendía ser la variación grandilocuente de un paisaje urbano de por sí inabarcable. Diez años después, y tras prestigiosos reconocimientos, exposiciones continuas y obras en las colecciones permanentes de museos como el MoMA o la TATE, Lozano-Hemmer vuelve a poner en práctica su abecedario cibernético para su primera exposición individual en Madrid.

 

Vigilancias materializadas se compone de cinco piezas que, en esta ocasión, aparcan las dimensiones sobrehumanas y se concentran en “artilugios” aprehensibles para la mirada de un visitante que puede (debe) moverse entre ellos provocando cada acción artística, poniendo en funcionamiento las máquinas cinéticas y discursivas del mexicano.

 

Efectivamente, el título de la muestra no deja lugar a dudas y las piezas, cada una de ellas, nos incitan a recapacitar sobre el panóptico que habitamos (bendito Foucault) y que convierte cada espacio en un juego de fuerzas entre el control real al que se nos somete y la justificación institucional de una vigilancia teñida de seguridad por el bien de todos (mis compañeros y por mí, el primero).

 

Por eso, encontramos obras como Basado en Hechos Reales, 2005, donde cuatro fotografías son huella y testigo de la realidad deformada que captan las cámaras de vigilancia ciudadana. Pero, también, Compañía de los Colores, 2009 e Índice de Corazonadas, 2010: mientras la primera pieza transforma nuestra silueta en una suerte de puzzle de colores haciendo de la presencia humana algo absolutamente medible, la segunda nos permite grabar nuestras huellas dactilares y pulsaciones para proyectarlas, junto a las de los 733 espectadores anteriores, en una pantalla al más puro estilo New Flesh (la nueva carne: ni humano, ni máquina, ni todo lo contrario).

 

 

Serán las dos piezas restantes las más interesantes de la muestra. Flujo de referencia, 2009, se presenta como la obra principal donde cinco letreros nos muestran (caminemos por donde caminemos) la salida de la galería hacia la izquierda, siempre y cuando el visitante pueda interactuar con ellos sin compañía alguna ya que el exceso de presencia humana sólo tiene una consecuencia en los “exit” de Lozano-Hemmer: los detiene, los vuelve locos, los anula. Y, si aún estamos dispuestos a mover algo más, podemos girar alrededor de Puntos Cardinales, 2010 y leer una máxima aritmética del poeta chileno Vicente Huidobro: el encanto reside en esa fusión algo surrealista, algo robótica que se consigue tras la mezcla de números y letras, tradición literaria y modernidad digital todo ello en un pequeño televisor rotatorio.

 

Con intención de criticar la distopía contemporánea, pero también de pintar una sonrisa en los espectadores, presenciamos el uso de diferentes técnicas que si bien no sorprenden a estas alturas artísticas (el propio Lozano-Hemmer conoce y cita frecuentemente el trabajo de Dan Graham, Bruce Nauman o Julia Scher), sí sirven como lenguaje natural para unas creaciones que no encuentran en la imagen pixelada o los sensores de movimiento la razón de su existencia: los soportes electrónicos de muy diverso tipo son las herramientas artísticas del mexicano, nunca los fines de sus obras. Por eso, es tan común encontrar en su trabajo “cachivaches” variados, como técnicas inevitables que le permiten referencias -más o menos explícitas- a una retahíla de pensadores (nos referimos a la tríada sagrada Benjamin/ Barthes/ Baudrillard, pero también a Orwel, McLuhan o Donna Haraway) que serán el sustrato discursivo de unas obras cercanas a pesar de su frialdad metálica.

 

 

Rafael Lozano-Hemmer


Vigilancias materializadas

Hasta el 24 de julio de 2010

 


Galería Max Estrella


C/ Santo Tomé, 6
28004 Madrid


tel: +34 91 319 55 17


www.maxestrella.com

 

 

 

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