¿Cómo avanzar cuando el camino se difumina hasta desaparecer bajo nuestros pies? Cuando no hay una meta hasta la que llegar, simplemente se trata de ir dando pasos de un lugar a otro. Pero por más que recorramos el camino a veces nos lleva siempre hasta el punto de partida.
Hay una famosa chacarera, (ritmo folclórico argentino), que dice en uno de sus versos “tanto correr pa’ llegar a ningún lado / y estaba donde nací lo que buscaba por ahí…” y no puedo sacarlo de la cabeza después de ver esta obra de Sebastián Díaz Morales (Comodoro Rivadavia, Argentina. 1975), que hace años que reside fuera de su país, pero que por muchos kilómetros que le separen de ella, parece encontrar la inspiración para muchas de sus creaciones en los paisajes de su tierra natal, como es el caso de El camino entre dos puntos.
Un vídeo de 80 minutos de duración es una apuesta arriesgada como obra de arte y reconozco que ante tal presentación es casi inevitable acercarse a ella con ciertas reticencias. Pero si le concedemos muchos más minutos de nuestro día a cosas más irrelevantes, ¿por qué no tomarnos la molestia de sentarnos en una galería y viajar por un momento al medio de ninguna parte?
Un misterioso paseante se pierde por el paisaje patagónico, desprovisto de cualquier atisbo de nostalgia idílica, que se abre ante él como un desierto infinito. A veces, la luz es tan blanca que quema la imagen y los espacios son tan desolados que parecen haber sufrido algún tipo de catástrofe nuclear que ha borrado todo rastro de vida, salvo un bizarro puñado de seres que no se comunican entre si y que habitan esos escenarios lunares.
Lo único que ha quedado son los despojos de algo que pasó y pereció y el viento, ese viento que hora tras hora, y día y tras día, azota sin cuartel el sur de Argentina y que podría llegar a volver loco a cualquiera. Un viento que por momentos traspasa la barrera de la pantalla y se puede casi sentir traspasando los propios huesos.
Las primeras imágenes nos remiten a las últimas, en un viaje lleno de símbolos que se repiten, de sonidos que nos envuelven y nos acercan a ese metafórico viaje interior del paseante. La respiración, el ruido de las piedras, la arena del camino que se desmorona bajo los pies al hundirse en ella, nos empiezan a despertar la curiosidad sobre cómo terminará todo esto, buscando algún significado a ese deambular errático, dejando de ser meros espectadores.
La Patagonia, como indica Sebastián Díaz, siempre fue un lugar inhóspito y desconocido, que aparece y desaparece de manera intermitente en la historia del país. Primero fue la Conquista del Desierto, cuando la recién nacida nación necesitaba expandirse hacía el sur eliminando a los incómodos moradores autóctonos y después vino la “conquista” de la industria del petróleo, siempre pronta a devastar, de un modo u otro, allá donde se asienta, forzando a transformar los paisajes y hasta las identidades de las zonas y los habitantes que la padecen.
Adentrarse en esta Patagonia de El camino entre dos puntos es comenzar a adentrarse en un viaje que concluye en el fin del mundo, con toda la soledad, la magnificencia y el miedo que ello conlleva, es una travesía hacia la introspección por etapas.
Al final del camino sobrevuela la idea de que nosotros pasaremos y cuando nosotros ya no estemos, el viento y el camino estarán, seguirán estando…
Sebastián Díaz Morales
El camino entre dos puntos
Hasta mediados de Julio de 2010
Galería Pepe Cobo & cía
C/José Marañón 7
28010 Madrid
Tlf. +34 91 319 06 83
Fecha de inicio: 15 de Octubre de 2012.
Fecha de inicio: 01 de Marzo de 2012.
Fecha de inicio: 13 de Enero de 2012.
Fecha de inicio: 01 de Enero de 2010.
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